LA INTELIGENCIA EMOCIONAL – EL CHANTAJE EMOCIONAL

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[Img #43417] “Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad”

Carl Jung.

 

Es  un arma para conseguir atención y lo que se desea del otro. Muchas veces se recurre a la amenaza para conseguir el propósito de la otra persona. “Si no me haces caso…”

 

Es una práctica muy habitual de maltrato psicológico que suele producirse por parte de una persona débil e insegura y aplicada en personas sumisas o que necesitan servir a los demás.  Es muy dañina porque se lleva a cabo utilizando sentimientos como arma.

 

Cuando la persona afectada se niega a las exigencias del otro, es considerada que traiciona a la amistad o al cariño. A veces se usa de forma inconsciente y otra consciente y se presiona  a las personas para que actúen, digan o piensen de una forma determinada, a pesar de que vaya en contra de sus principios éticos.

 

Desgraciadamente, esto se da en cualquier relación de tipo personal. De hecho es un recurso muy utilizado entre padres e hijos y en parejas.

 

El chantajista, es una persona que reconoce cuánto se valora la relación con ellos y saben qué puntos débiles y qué aspectos vulnerables poseen quienes le rodean. Estos extorsionadores, aunque parezcan personas malvadas y maquiavélicas, en el fondo son víctimas de una autoestima pobre y deficiente por lo que esconcen debilidad e inseguridad. Suelen esconder un espíritu posesivo que les envuelve en una cubierta de víctima cuando su prójimo no actúa como ellos desean. Han aprendido muy bien a provocar el sentimiento de culpa sobre la persona que actúan.

 

Hay varios tipos de chantajistas emocionales según Susan Forward, en su libro “Chantaje emocional”. El castigador, suele ser una persona directa y dice exactamente lo quiere y las consecuencias a las que atenerse  la persona chantajeada, a cambio  deseos; el autocastigador, se lesionará a sí mismo si  no se hace lo que quiere, no sin avisar antes; la víctima, obliga de alguna forma a adivinar sus deseos para luego dejar muy claro que es responsabilidad del chantajeado el asegurar que lo obtenga; el provocador, ofrece promesas maravillosas, siempre que se acate su voluntad.

 

Es una práctica encubierta que fuerza a la persona chantajeada a estar bien de una forma impuesta porque si no se practica ese deseo ocurrirá algo terrible…

 

Suele ser egoísta y complaciente, que manipula en un contexto donde existe una relación con muchos elementos positivos. Es conocedor de cómo es la otra persona en sus mejores momentos y se permite que el recuerdo de las experiencias positivas, eclipsen de alguna forma, la sensación de que algo no funciona, con lo cual el chantajeado, accede a los deseos del chantajista, para que la relación no se rompa.

 

Las relaciones en donde se da una manipulación emocional, pueden mantenerse cerca físicamente, sobre todo si son entre padres e hijos, pero emocionalmente acaban separadas por el enojo y el resentimiento, cosa que no merece la pena…

 

Se utilizan los sentimientos y emociones como estrategia para obtener lo que se pretende, y se sirve de técnicas como la amenaza, bien abandonando, autolesionándose. Siempre exigen más y más; no se conforman con lo que se les dé. Son egoístas fríos ante los sentimientos de la otra persona, que se supone que es querida. Lo importante son ellos y los demás a sus servicios.

 

Tienden a culpabilizar al chantajeado. Les califican de egoísta, insensible, o interesado si no cede a sus propósitos. Suelen utilizar como arma el temor, la obligación y la culpa.

 

Normalmente, la persona muy sensible, accede más fácilmente a este tipo de actuación y le cuesta negarse a las intenciones de los que le chantajean, sobre todo si hay lástima de por medio, o un mal gesto, aunque esto signifique renunciar a ser uno mismo…

 

La forma de hacer frente a estos individuos/as, es dejando claro, asertivamente, que esa no es la forma de conseguir las cosas, que es necesario un diálogo sincero en el que se puedan llegar a acuerdos y puntos en común. Toda relación, debe basarse en la aceptación y la confianza, y si alguna de las partes pretende manipular a la otra, será momento de plantearse hasta qué punto nos merece esta relación.

 

Si actúas como víctima, pregúntate qué es lo que te impide decir “no”,  qué te impide poner límites o pedir un trato diferente. Evita, en la medida de lo posible a las personas que tratan de manipularte, pero no trates de cambiarlas.

 

No es tu responsabilidad hacerlo, ni está dentro de tu capacidad, probablemente necesitan ayuda profesional.

 

Si actúas como el manipulador, plantéate por qué no puedes pedir lo que deseas de una manera clara y directa.

 

¿Qué es lo que te da miedo?

 

¿Qué necesitarías para actuar de una manera diferente?

 

¿Cómo podrías lograrlo?

 

Tanto el manipulador como la víctima, necesitan analizar cuál es su nivel de autoestima y trabajar en ella para fortalecerla.

 

Si necesitas ayuda, no dudes en pedirla…

 

Un abrazo intenso.

 

Dedicado a tod@s y en especial, a mis compañeros y sobre todo, a mi alumnas del Proyecto “Nosotras Emprendemos” de la Universidad Popular de Cáceres.

 

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