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ETIQUETAS

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Una generación, en la actualidad ya madurita, como la mía, tuvo como icono ideológico a un filósofo francés Sartre, al que se le ha llamado “padre del existencialismo”. Bueno, todo el mundo sabe que al final resulta, que esa gran idea que uno ha tenido, ya estaba inventada. Y este buen señor, supongo que totalmente desconocido para las nuevas generaciones, en cierta manera, copió la filosofía de un griego del s. V a.C. Heráclito, resumida en ese dicho; panta rei, (todo discurre), mostrando que no somos algo estático, sino seres diferentes y dinámicos. Aquel “caminante no hay camino, se hace camino al andar, que decía Machado y que popularizó el cantante Serrat, es la visión popular de esta negación de etiquetas. Sartre renunció al Premio Nobel, porque esto lo “etiquetaría”, y rompería ante los demás esa personalidad en continuo desarrollo, para ajustarla a un patrón.

 

El pensamiento discursivo es cada vez más exiguo, aburre. En la civilización actual una de las cosas más aberrantes y que muestran cómo es la sociedad en la que vivimos son los “twiters”, que no te permiten expresarte nada más que con pocas palabras. Información ( o lo que sea) rápida, concisa, “impactos”  y que no nos obliguen a pensar. En una obra de teatro que escribí, y que estuvo a punto, hace ya bastantes años, de ser representada en Mérida, sobre Sócrates, afirmaba que a Sócrates no se le condenó a tomar la cicuta por pervertir a la Juventud,  sino por Preguntón, porque les obligaba a la gente a mirarse  a sí mismos y ver  más allá de lo aparente, y eso incomoda. Y ahora harían igual. Según Robert Swartz -doctor en el «National Center For Teaching Thinking» estadounidense-  entre un «90 y un 95 por ciento» de la población mundial no sabe pensar adecuadamente. Según explica, la razón debe buscarse en las escuelas, donde se enseña a memorizar, pero no a razonar y a resolver un problema haciendo uso de la creatividad.-Pero yo creo que ni eso de memorizar, la frase que leí, creo que en una pintada, “más allá del móvil y la tablet, también hay vida.” es inquietante y define con esa etiqueta que yo ataco, a una situación actual. El estar un momento en silencio y sin “impactos exteriores” puede provocar en algunos una situación de ansiedad.

 

Sin embargo, como se anotaba en un artículo de una revista Médica “Más allá del efecto relajante que producen el silencio y la tranquilidad, meditar podría ralentizar la pérdida de la materia gris (el tejido que contiene las neuronas y ejecuta casi la totalidad de los pensamientos conscientes) relacionada con la edad”

 

Pero mi idea inicial, era la de destacar esas “etiquetas” con las que pretendemos definir a alguien y con las que habitualmente pretendemos concretar a un ente, para poderlo  abarcar mentalmente, sin excesivos esfuerzos, es, como establecer  una diana intelectual bien definida, a la que se puedan dirigir nuestras fobias. Y me ha venido a la mente esta reflexión a través de las palabras de un alcalde de un pueblo de Cuenca,  llamando “podemita”, a la portavoz del PSOE, y con tal palabra, todavía no definida en el diccionario, le colocaba una “etiqueta” despectiva de izquierdas, tal como lo es, en la actualidad, “facha” para las derechas.

 

Y es que las etiquetas siempre se han utilizado para marcar diferencias y en las que, quien las utiliza, se coloca en un lugar preeminente frente a aquel a quien se la coloca. De esto saben mucho los inmigrantes que salieron, en aquellos nefastos años de privilegios franquistas a Cataluña y el Pais Vasco y a quienes los nacionalistas, marcaron con las “etiquetas” de maquetos y charnegos, definiendo a todos aquellos que en los años sesenta y setenta,  ante la falta de oportunidades en sus lugares de origen se vieron obligados a emigrar a estos territorios. Etiquetas, que no se colocaron  a los que se desplazaron a Francia, Alemania o Bélgica.

 

Y es que los nacionalistas les marcaron para crear un “apartheid”, en el que los recién llegados debían “mucho” a los habitantes de ese lugar. No es de extrañar que estos, convencidos de que su sustento y oportunidades se lo debían a ellos, acabaran renunciando a sus orígenes y siendo más nacionalistas que los nativos. Y ahora, cuando las etiquetas ya no están bien vistas, quieren hacer efectiva esa idea, “si vas a ser igual que yo, me separo”. Pues nada sepárate ya, que con el calor que hace no veas lo que se agradece el estar separados, pero eso sí, luego no pretendas que mantenga tu situación privilegiada, comprando lo que hasta ahora me estás vendiendo.


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