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Adiós, Aute. Nos hemos quedado “sin tu latido” pero, “queda la música” y “la belleza” de tu arte.

Adiós, Aute. Nos hemos quedado “sin tu latido” pero, “queda la música” y “la belleza” de tu arte.
Hoy es día triste. Muchas veces triste. Hemos despertado con la noticia de que Luis Eduardo ha trascendido a otro plano. Me he echado a llorar como si hubiese perdido a alguien de mi familia. Se nos ha ido un hombre que se vestía de sensibilidad y erotismo y nos metía en las historias de sus grandes canciones. Se ha ido también el pintor, el cineasta, el decidor de canciones, el artista extraordinariamente completo.

Sé que no estaba muy bien desde el 2016, que la muerte estaba al acecho y que ésta es parte de la vida. Pero en esta situación en la que estamos, es mucho más difícil aceptarlo porque no podemos despedir a nuestros muertos como corresponde y eso lo hace mucho más doloroso. Esta pena ha estallado y nos ha tiznado a todos, citando a Miguel Hernández.

Hay una tristeza global en el mundo de la canción de autor que se suma a la aflicción colectiva de este monstruo invisible que nos está robando los abrazos y los besos.

Para intentar sobrellevar este dolor, esta angustia, esta profunda pena, me quedo con este hermoso recuerdo de diciembre del 2015, este regalo de la vida que me voy untando en la piel deseando que se haga indeleble mientras enjugo las lágrimas.

Lo vi llegar y nos dijo “¿Por qué no me avisaron que estaban esperándome? ¿Cuánto tiempo llevan aquí? Y yo, tímidamente atrevida -como siempre-, le contesto: “Llevo esperándote desde el 13 de septiembre del 1943”. Pero “imagino que sólo compartimos día, no año”, me dijo, y así empezamos la conversación. Unas cuantas fotos después, se pidió un desayuno (coincidencialmente el mismo que me había pedido yo 20 minutos antes) y empezó a charlar con nosotros. Habló de lo feliz que fue anoche en el concierto del Auditorio Nacional del D.F., cuyo aforo de 9,000 personas llegó a las 7,500, con un público de todas las edades (según pudo constatar Giraluna) que coreaba sus canciones. Y pensar que casi asisto, pero a veces la vida se interpone… Aunque no me quejo, porque hoy he recibido este maravilloso regalo como recompensa. Y la charla siguió, y nos bastaron “esos dos o tres segundos de ternura” para sentir que hablaba con alguien que conocía de antes.

¡Qué ser más interesante! ¡Qué lujo poder tenerlo cerca y escucharlo decir tanto con tan poco y absorber, y aprender, y llenarme de conocimiento por ósmosis! Nos preguntó cómo nos conocimos Cons y yo y le respondimos: “a través de facebook”, “esa red social a la que eres alérgico”, agregó Giraluna. Le dije que me parecían hermosas las palabras con las que había presentado a Serrat en el álbum “Entre amigos” con la canción “De alguna manera” y me dijo que, a pesar de que llevan mucho tiempo sin verse, es alguien a quien lo une un cariño entrañable. Le pregunté que cuándo cantaría en Miami o en Nueva York y me contestó que tan sólo por no volver a repetir la horrible experiencia de lo mal que fue tratado en los aeropuertos de dichas ciudades, se juró no volver jamás. Fue entonces cuando le hice la pregunta de que cuándo iría a Dominicana y me dijo: “sólo he estado allí dos veces y no he regresado porque no me han vuelto a invitar”. Y poco más…

Entre tantas cosas que hablamos y cuyo texto se extendería en demasía (como si no fuera poco ya) le dije, cuando me preguntó si me dedicaba a la música, que no, que era una combinación de melómana-groupie y que la música era, entre otras cosas, mi mayor vicio pero también mi salvación. Cantará en Madrid el 29 de enero; yo tengo pautado llegar el 30; pero me estoy planteando seriamente cambiar el billete de avión, si tengo la suerte de encontrar cupo y si las millas me lo permiten, claro. Cierro los ojos y me digo nueva vez: “Shayra, eres una pajarita con suerte”... Porque poner punto final a este viaje a México con semejante lujo para el alma y el cuerpo (porque me abrazó par de veces) ha sido algo increíblemente extraordinario.

Gracias, vida, por darme tanto… Gracias, mi amapola, por hacer posible esta maravilla. Gracias, Eduardo, por dialogar sin ‘monosílabos adormecidos’, por ser tan sencillo, tan profundo, tan ser humano, tan de verdad, tan elocuentemente terrenal. ‘Me va (irá) la vida en ello”, en saborear desde este día de diciembre este mágico momento.

México, D.F. 8 de diciembre, 2015.

Shayra Ramírez

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