El afán por una buena sanidad

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Como a cualquier ciudadano con sentido común me preocupa que se normalicen situaciones en precario. No ocurre únicamente con la sanidad, también lo vemos en otros trabajos, pero es aquí, dadas sus particularidades, donde más se nota pues el enfermo se siente desvalido, inquieto, incluso aterrorizado y precisa de la seguridad proveniente de unos buenos servicios.

En un artículo de hace unos días en un periódico nacional, un especialista médico defiende la financiación y el mecenazgo como modos de atajar o al menos paliar las necesidades existentes en los campos sanitarios, bien es verdad que en unos más que en otros. Y un control exhaustivo sobre cómo se actúa y de los resultados producidos por los distintos medicamentos, así como de toda la historia clínica de los pacientes, siguiendo el ejemplo de Alemania, donde no se pierde la información completa de los casos clínicos, como si ocurre en nuestro país.

El especialista, que tiene amplia experiencia en gestión y dirección, abunda en algo que es primordial: lo necesario de subir la proporción del PIB dedicado a Sanidad en España, que llegó a estar cerca del 7% antes de la crisis, pero que no llega ahora al 5%. Y lo une a un fomento de la cultura del mecenazgo, al igual que se hace en otros países como Estados Unidos o Inglaterra donde si se donan 1000 € para investigación se desgravan 600 €, mientras que aquí no llega a los 300€.

A mí me parecen muy importantes estos asuntos, tanto como para ser defendidos (o al menos debatidos) con autoridad en los lugares precisos. Fuera ya los falsos complejos a la hora de enjuiciar la pertinencia de conceptos tales como público y privado, si no hay un análisis exhaustivo de los pros y contras de una u otra condición y un control serio de los recursos que hacen eficaz, o no, el sistema. A lo que hay que añadir la obligatoriedad de las correcciones necesarias para que las inercias, que cualquier sistema tiene, no ralenticen la buena ejecución de los programas.

No se me escapa que es un campo difícil y que deben ser los conocedores del mismo los que elaboren un plan de actuación. Partiendo desde el “afán”, ese concepto un tanto utópico que la Real Academia de la Lengua define como “esfuerzo o empeño grande” y también como “deseo intenso o aspiración a algo”. Una gran idea-fuerza que le de sentido a una carrera personal, o a una legislatura, dotándolas de un plus de ilusión o de entusiasmo. E incluso de consuelo de otras aspiraciones.

 

 


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