ALTANERÍAS 

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El paisano, que con el tiempo pasaría a ser conocido como “Ti Mercédih”, era de pocas carnes, piernas  ligeras y desenvueltas manos.  Por ello, no es extraño, que, siendo muchachuelo, le apodaran “Agatiñaol”.  “No había otru -según me contaba- cumu yo pa agatiñeal pol lah tróncah de loh árbulih, que me subía, en ménuh que se dici un verbu, a lah pingollétah máh áltah, y asina cogía loh níuh que loh ótruh mucháchuh no eran ehcapá de cogel-luh”.  Ti Mercedes era nieto paterno de Ti Manuel Jiménez Esteban y de Ti María García Montero y fue navegando la vida como hortelano y labrador de secanos.  Le tocó vivir los años convulsos de la Segunda República y de la Guerra Civil.  No tuvo nunca carnet de partido ni de sindicato alguno, pero, por su condición de pequeño campesino, simpatizaba con las izquierdas.  El día 1 de noviembre de 1933 quedó grabado a fuego en su memoria.  Faltaban dieciocho días para que los españoles acudieran a nuevas elecciones parlamentarias.  Era la  fiesta de Todos los Santos y, como costumbre, los mozos y otros no tan mozos, habían ido recorriendo las bodegas  de los conocidos para “encetal” (abrir y probar la pitarra del año).  Mucho vino y comilona de alguna chivarra.  Por la tarde, se celebraba un  mítin en el salón de baile de Ti Aniceto Calle, al  que le decían “Pichadulci”.  Había llegado una camioneta cargada con gente de las Juventudes de Acción Popular, el brazo juvenil de las derechas de Gil Robles.  Se paseaban muy chulos por el pueblo, con sus camisas verdes, sus cayadas colgadas del antebrazo y saludando a estilo nazi, alzando el brazo derecho de la mitad para arriba. Mercedes y su cuadrilla acudieron al mitin.

El nieto materno de Ti Basilio García Martín y de Ti María Floriano Gutiérrez, entrado ya en años, me revivió aquella sombría y premonitoria tarde del día de Los Santos: “Salió al tablau un tíu con la  cara avinagrá, que se  le jinchaban lah vénah del pehcuezu cuandu hablaba. Paecía un gallu encrehtau, jidiendu fachenda cumu un pavu güeru. Un fanfarrón que no tenía media ohtia y que, en véh de hablal, ehcupía.  Faltaba a dióh y a su madri.  Paecía unu de ésuh pihtoléruh que ahora salin en lah penículah, sacandu el brazu ihquierdu cumu pa dihparal, se conoci qu,era gachu.  Nusótruh, que íbamuh bahtanti cargáuh, poh quisímuh subil al tablau y allí se lió la de San Quintín…”

Ti Mercedes me relató con detalle la trifulca que se armó.  Las cayadas de los japistas blandieron el aire y cayeron sobre las costillas y las cabezas de los revoltosos.  La Guardia Civil, que estaba presente, ni se inmutó.  Se les notaba a la legua que eran fieles servidores de los caciques de la comarca.  Las elecciones del 19 de noviembre de aquel año ganarían las elecciones las derechas y se  iniciaría el llamado “Bienio Negro”, todo un retroceso social para las clases trabajadoras.  No tardando mucho, las JAP,s. enseñaron músculo en El Escorial, donde congregaron a unos 20.000 miembros: marciales, aguerridos y adiestrados militarmente por el comandante de la Guardia Civil Lisardo Doval Bravo, terrible  represor durante la  huelga revolucionaria de 1934, presidente de sectarios Consejos de Guerra  durante la contienda civil y Jefe de Seguridad de la residencia y Cuartel General del dictador Francisco Franco.  Aquella desafiante manifestación de El Escorial sería calificada por José Antonio Primo de Rivera como de “espectáculo fascista”.  Al iniciarse la guerra, más  de 15.000 japistas  cambiaron la camisa verde por la azul, prostituyéndola hasta el vómito, y se dedicaron a masacrar rojos en la retaguardia.  Las culpas, después, recaerían sobre otros.

Salvando las distancias, no hemos podido por menos que recordar a aquel orador derechista que nos describió Ti Mercedes cuando, recientemente, hemos sentido vociferar a Rafael Antonio Hernando Fraile, portavoz del PP en el Congreso, con motivo de la moción de censura presentada por Podemos.  Vociferaciones que fueron radiografiadas  y severamente criticadas por Octavio Salazar, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba, en un artículo enviado al diario “El País”, pero que fue rápidamente eliminado al poco de ser publicado (¡cuán alargada es la sombra de Cebrián, la derecha mediática, la antigua Gestora del PSOE y otros compañeros mártires!).  Nadie discute a estas alturas el pasado franco-fascista de Rafael Hernando en sus años jóvenes.  Tiempos de las nuevas JAP.s, con cadenas en vez de cayadas y siguiendo con el pisoteo de la camisa azul mahón, color del mono del obrero.  El ultra Blas Piñar López (un Franco redivivo) mandaba en Fuerza Nueva y las  consignas eran defender con uñas y dientes la Religión, la  Familia, el Orden, el Trabajo y la Propiedad.  El que tuvo, retuvo, dice el refrán.  Y de aquellas belicosidades propias de Martínez “El Facha”, vendría el intento de agredir en los pasillos del Congreso a Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando ya el cunero por la provincia de Almería hacía carrera en el Partido Popular.

Ya oímos al hijo de Guadalajara afirmar que la “Segunda República fue la culpable de que hubiera un millón de muertos”, o cuando, sin el menor asomo de piedad y humanidad, vino a decir que los que claman por desenterrar a sus muertos solo se han acordado de estos en el momento en que comenzaron las subvenciones.  No es de extrañar, por tanto, que el personaje medio momificado de Mariano Rajoy Brey se sienta orgulloso de no haber destinado ni un solo euro en lo que lleva de mandato para exhumación alguna.  Soberbia a manos llenas de esta gente que se creen los dueños de España y de los españoles.  Pues bien advirtió el sabio Salomón que “donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría”.  Y el político y militar rioplatense José Francisco de San Martín y Matorras  anotó que “la  soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.   Se junta la arrogancia con el orgullo herido del macho para pisotear la dignidad y valía de la política y psicóloga Irene Montero Gil, tirándola a los pies de los caballos mediante una vomitiva oratoria barriobajera.  No puede soportar el que fuera presidente de las  Nuevas Generaciones del PP que alguien le haga sombra dialécticamente.  Se acompleja y se  duele en su chulería como se duelen todos aquellos fatuos y altaneros que presumen de ser patriotas  españoles y la única España que defienden es  la de sus sillones, sus corruptelas y sus latrocinios.  Escuchad, hatajo de engreídos, a Francisco de Quevedo y Villegas: “Ruin arquitecto es la soberbia: los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos”.  ¿Has oído, Pablo Casado Blanco, Vicesecretario General de Comunicación del PP, tú que acostumbrabas a escribir con asiduidad en “Libertad Digital”, el periódico ultra de Federico Jiménez Losantos, y que fueras denunciado por despreciar públicamente las fosas en las que permanecen los huesos de más de 100.000 españoles desaparecidos por la represión fascista?  Y es que el conocido en algunos medios como “El Chulapo invisible” o “El Cachorro más ultraliberal de Aguirre”, el que jamás “idolatraría a asesinos como El Ché” o que considera al Mayo del 68 como uno de los períodos más nefastos de Europa Occidental, no ha tenido empacho en afirmar, con esa jactancia que intenta disimular con una cínica sonrisa, que “Iglesias y Montero me recordaron en el Congreso a los Perón”.  Y no matizó más sobre el peronismo.  ¿Sabrá en realidad el señor Casado, del que dicen que acostumbra a inflar sus currículums, algo sobre la verdadera historia (no la inventada y manipulada)  de Juan Domingo Perón y su adorada (también por las clases más humildes de Argentina) Evita Duarte?

Mientras tanto, en este país en que militares, guardias civiles, curas, monjas y un grupo de civiles se los pasan a lo grande a costa de las arcas públicas, bailando la conga (al fondo, la melodía “¡Que viva España!”) con motivo de una peregrinación a Lourdes, continúa el esperpento.  Y así, nuestro queridísimo “bellotari”, el que no quería ver a Pedro Sánchez ni en fotografía ni oír hablar de su “antipatriota” plurinacionalismo, ahora ha sido nombrado en el 39º  Congreso del PSOE nada más y nada menos que… ¡Presidente del Consejo de Política Federal!  ¡Para mear y no echar gota!  Pero de esto ya hablaremos más detenidamente en la próxima “Pingolla”, que bien dice el adagio popular que “hay más días que ollas y gallinas gordas”.

A nuestro paisano Mercedes, al que de chico apodaban “Agatiñaol”, le quedaron marcada la cabeza y las costillas los fachas de las JAP,s.  No sabemos si en su bien ganada jubilación oyó hablar de los nuevos cachorros “japistas”, bautizados de otra manera, pero, al igual que las zorras, mudaron el pelo, que no las mañas.  Él se largó con los deberes hechos cuando tocaban a misa en honor de Santa Militina y San Asclepiódoto.  Era el 15 de septiembre de 1993.  Le faltaban cinco días para alcanzar los 84 estíos.  Se nos fue el hortelano y labrador de tierras de secano y nosotros, más que hartos de endiosados esperpentos, nos fuimos con aquel enigmático poeta que nos mostró en la columna anterior la primera parte de aquellos cuartetos que, bajo el clamoroso título de “¡Atrévete!”, rogaba a su idolatrada musa que propiciara un encuentro bajo el calor del verano.  Hora es, pues, de traer la segunda parte y pedirle a los hados que repartan suerte.  El rapsoda que surgió de las borrinas invernales bien se lo merece, pues fue mucho lo que remó sobre el crespo y azulado mar:

ATRÉVETE (II)

Si me dejas elegir, me pido Hydra,

la isla donde a rabiar se amartelaron

Marianne y Leonard Cohen.  Y brindaron

no con caro champán, sino con sidra.

Hydra, en el Egeo, donde con voz rota

Leonard le leía un poema cada ocaso,

y ambos apuraban azul vaso,

destilando el mar, gota tras gota.

¿Hechos, tal vez, el uno para el otro?

Habrá que averiguarlo, paso a paso.

Y si el andar es firme y es el caso,

tú serás mi potrilla y yo tu potro.

Contigo, trotaré por verdes huertos.

Jinetes por turno, hasta saciarnos;

que, encastrados tú y yo, hemos de amarnos

aun cuando los planetas estén muertos.

Y, al fondo, “Los Ganglios”, entre tanto,

repetirán al principio y al final:

“AL FINAL”.  Y tú y yo echaremos sal

sobre frígidas raíces de ese canto.

¡Atrévete!  ¡Adelante!  ¡Sé valiente!

Vuélvase tu aura azul copulativa.

Piensa que eres joven y estás viva:

la vida no dura eternamente.


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