ANESTESIA

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Corría el año en que las cartillas de racionamiento hacían furor, el Real Madrid se alzaba ante el Valencia con la Copa del Generalísimo, a ese mismo Generalísimo (siempre en superlativo) le salían callos en los dedos de tanto firmar sentencias de muerte y José Giral Pereira, químico farmacéutico en excedencia, presidía el gobierno republicano en el exilio.

La consulta estaba atestada de gente.  Un médico bastante desaliñado apareció por una puerta y mandó serenar el guirigay.  Les advirtió que no quería oír una voz más alta que otra y que, mientras esperaban, leyeran las revistas que había encima de la mesa.  María, que había heredado el apodo de su padre pero en femenino, o sea, que venía a ser María “La Loba”, al escuchar las palabras del galeno, exclamó:

-Yo, cumu no sé leel, veré, antóncih, loh sántuh de lah revíhtah.

El galeno refunfuñó:

-¡Qué santos ni qué ocho cuartos!  Tantos santos y vírgenes, que nada más sabéis

que ir detrás de los curas alumbrándoles con el cirio.  Más valía que aprendierais

a leer y os enterarais de lo que pasa en el mundo.

María no se amilanó:

-Ya tenémuh bahtántih calamidádih en lah nuéhtrah cásah y en loh nuéhtruh

puébluh cumu pa il a golihmeal  lo que se cueci en loh ajénuh.

Ecos llegaban de los tiros  que segaban la vida de Cristino García Granda y nueve republicanos más a manos de los sicarios franquistas.  Cristino había sido un honesto luchador, que defendió la legalidad republicana con uñas y con dientes.  Escapó a Francia y continuó batallando contra los nazis.  En su haber tenía el grado de “Héroe Nacional”, otorgado por el gobierno francés, el mismo que, nada más enterarse de su fusilamiento, mandó cerrar la frontera con España.

Había venido María Paniagua a este valle de lágrimas un 5 de agosto de 1926, siendo la festividad de Santa Afra y Santa Nona y era nieta paterna de Ti Juan Paniagua Domínguez y Ti Josefa Blasco Jiménez.  Ella tenía su genio, pero, en el fondo, al igual que la mayoría de los paisanos, tenía que morderse la lengua y tragar carros y carretas.  Rodando ya la democracia, me dijo un día de mis años mozos, estando despachando en el ultramarinos de mis padres, “ahora ya no ehcuendu el geniu que tengu, peru ántih eran ótruh tiémpuh y ojitu con sacal la lengua a bureu, peru entoavía hay genti cérrima a lo de ántih, máh de loh que tú te piénsah, c,han síu múchuh áñuh de anehtesia y a a algúnuh leh va a rejundil la anehtesia muchu máh tiempu del que moh paeci”.

Agustín de Foxá y Torroba era un franquista atípico, que no tenía empacho en afirmar: “Si soy gordo y, además, conde y fumo enormes puros, ¿cómo no voy a ser de derechas?”  En su no muy larga vida desempeñó los oficios de poeta, novelista, periodista y diplomático.  Una de sus celebradas frases es aquella de “los españoles están condenados a ir siempre detrás de los curas, o con el cirio o con el garrote”.  El médico placentino y desaliñado había oído campanas pero dejó de repicarlas a medias cuando escuchó decir a María “La Loba” que ella solo iba a ver “loh sántuh” de las revistas.  “Loh sántuh” eran las ilustraciones pero él pensó en los santos del cielo.  Pero si la España entera fue con el cirio detrás del clero y de todos aquellos que llevaban a los curas bajo el palio, ahora la España profunda continúa por la misma senda.  Y entiéndase por la profunda España no solo nuestros más arrinconados pueblos, sino todas esas huestes a las que las geoestrategias capitalistas y consumistas han desclasado.  Si no tenían bastante con la anestesia de la que hablaba María “La Loba”, toda la Transición ha sido un proceso de narcotización de las masas, para volverlas sumisas e individualistas.  No querías caldo, ¡pues toma tres tazas!  Y el pueblo a tragar, que para eso le dotaron de unas mandíbulas como los cromañones y un estómago a prueba de bombas.

¡Increíble que el pueblo no tire el cirio al contenedor y coja el palo!  ¡Increíble después de la que está cayendo!  ¿Cuánto tiempo va a durar la anestesia?  Porque es completamente inaudito, anacrónico y demencial que 7,9 millones de españoles sigan votando a un partido (PP) que es el más corrupto de toda Europa.  Y envidia no le cogen las derechas catalanas y alguna que otra formación que cojea del pie izquierdo.  Pero lo del Partido Popular ya clama al cielo.  Sobre esta formación conservadora, donde la extrema derecha y el franquismo sociológico se encuentran tan a gusto, están cayendo chuzos aguzados y de duro acero: prevaricación, organización criminal, malversación, cohecho, blanqueo, fraude, falsificación documental, corrupción en los negocios, cobro ilegal de comisiones o financiación irregular, por citar algunos.  La Unidad Operativa de la Guardia Civil (UCO) está poniendo al Partido Popular de Madrid patas arriba y, no tardando, el propio Mariano Rajoy Brey se sentará en el banquillo.  ¡Qué caras tan patéticas las de los ladrones de cuello blanco y sus untados amigotes!  Pensaban que tenían el derecho de pernada.  ¡Y que patética la condesa consorte de Bornos y de Murillo, Grande de España, derramando lágrimas de cocodrilo!  ¡Y qué rostro más hipócrita el de Paco Marhuenda, director del periódico “La Razón” y lacayo y voz de su amo, el PP, en tantos foros y tertulias!  ¿Y qué decir sobre el “compi yogui” de la reina Letizia, siempre tan íntimo de los monarcas españoles y yerno del cuasi intocable y todopoderoso Juan Miguel Villar Mir, nombrado marqués por Juan Carlos I, “El Campechano”?  Nos referimos a Javier López Madrid, cuyo suegro fue ministro de Hacienda en el gobierno franquista presidido por Carlos Arias Navarro, más conocido por “El Carnicerito de Málaga”, a causa de su participación activa, como fiscal, en el genocidio cometido en esa ciudad andaluza durante la guerra civil.  Javier López, aparte de sus enjuagues con Francisco Granados y con la Púnica, acaba de ser detenido en la operación “Lezo”, con varias acusaciones sobre sus espaldas.  ¿Le seguirá ahora también  enviándole whatsapps doña Letizia, a fin de levantarle la moral y salir del atolladero?  Dios los cría y el diablo los junta.

¿Lo dejaría todo atado y bien atado aquel dictador al que la ONU le negó el pan y la sal por sus trapicheos y su apoyo a la Alemania NaZi y a la Italia Fascista?  ¡Cuán alargada es la sombra del franquismo!  Y por estas latitudes mangurrinas y belloteras acabamos de descubrir que la Muy Noble, Muy Leal y Muy Benéfica ciudad de Plasencia concedió la Medalla de Oro a Francisco Franco no una vez, sino tres: años de 1945, 1964 y 1971.  Ahora, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura ha pedido que se le retiren.  El alcalde de la ciudad del Jerte, Fernando Pizarro García-Polo, del PP, parece que ha dicho con la boca chica que acatará la Ley de Memoria Histórica, porque, acto seguido, ha añadido que “la ciudad tiene otros problemas más urgentes que ese”.  ¿Por qué la derecha de este país pone tan poco fervor y entusiasmo en aplicar dicha ley y no da un solo euro para que se exhumen los restos de los miles de republicanos asesinados y tirados en barrancos y cunetas? ¿Acaso para tener amarrados los votos de todo el franco-fascismo que simpatiza con tan rancia ideología?

Razón tenía la nieta materna de Ti Manuel Barroso Dosado y de Ti Micaela Montero Corrales cuando decía que a algunos les va a durar la anestesia mucho más tiempo del que creemos.  Ella no verá salir a su pueblo de la España profunda, ni a otros muchos del contorno.  La afilada guadaña de La Pálida le segó sus ventrículos el mismo día en que se los guadañaba a Elías Wen, que rebasaba ya la edad de los 110 años y era el clérigo más viejo de la Iglesia Ortodoxa fuera de Rusia.  El calendario marcaba el 7 de junio de 2007 y se festejaba a San Acacio y San Abencio.  Pero quien seguramente sí será testigo de esa otra España que en nada se ha de semejar a la que hoy tanto nos duele y nos encorajina será aquella musa etérea pero real, por cuyas pupilas sentían envidioso celo las flores de los nazarenos y las lobelias.  A tan preciosa musa nadie será capaz de anestesiarla. Aquel nuestro noble y limpio versificador nos ha hecho llegar, envueltas  en la memoria  y en las  brumas del perenne invierno de un año que se fue, estas  estrofas para ella:

En tus manos pondría yo una escoba

y a fondo deberías barrer el mundo.

Primero, este país tan nauseabundo,

donde éste miente, ése tima y aquél roba.

 

¡Fuera la mafia que a la gente emboba

y que reconvierte un no en un sí rotundo!

¡A la trena el corrupto y el inmundo

y fariseos que al pueblo le dan coba!

 

Con tus manos, las mías y otras muchas,

alzaremos potente barricada.

¿Acaso no presientes y no escuchas

 

una voz rumorosa y soterrada?

Es la tuya, arengando en duras luchas

más allá de tu mar tan azulada.

 


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