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DANA CATASTRÓFICA

DANA CATASTRÓFICA

Una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) es un fenómeno meteorológico que consiste en la presencia en altura de una masa aislada de aire polar frío, la cual confluye con masas de aire caliente y húmedo ubicadas en niveles más bajos, dando lugar a un régimen de precipitaciones de alta intensidad. Las DANAS suelen producirse con alguna frecuencia en España afectando con prioridad a zonas continentales contiguas al Mar Mediterráneo, un mar con el agua bastante cálida.

Este fenómeno atmosférico también conocido como gota fría es característico del Levante español en donde se presenta con cierta frecuencia y en el que las precipitaciones de alta torrencialidad ocasionan daños importantes en agricultura, infraestructuras y edificaciones de viviendas, comercios e instalaciones. Y lo más grave es que suele cobrarse vidas humanas: siete muertos en el episodio más reciente.

Especialistas en cambio climático, aseguran que la frecuencia de estos fenómenos irá en aumento, si dejamos que la temperatura de la atmósfera siga elevándose como consecuencia del incremento en la misma de la concentración de GEIs (Gases de Efecto Invernadero). No obstante hay otros expertos meteorólogos que no relacionan directamente la gota fría con el cambio climático ya que argumentan que se vienen produciendo desde mucho tiempo atrás.

Ha de considerarse que precipitaciones del orden de 300 o 500 mm en 48 horas y de 90 mm en una hora tienen una dimensión excepcional y los volúmenes de agua que aportan son de difícil control. Este nivel de pluviometría corresponde, teóricamente, a períodos de retorno muy altos o lo que es lo mismo a una baja probabilidad de ocurrencia.

Ha de advertirse que los efectos de estas DANAs son mucho más perniciosos si las estructuras terrestres que han de desaguar las avenidas no se encuentran en condiciones adecuadas para hacerlo.

La política que desde hace unos años aplican las confederaciones hidrográficas se traduce en no disponer de una planificación continuada de actuaciones de mantenimiento y limpieza en los cursos de agua. Y esta forma de actuar, que es apoyada por los ecologistas porque consideran que los cauces hay que dejarlos en su estado natural, en mi opinión es un error. Si se deja en su estado natural la zona inundable de un curso de agua tenderá a ser cada vez más extensa y, previsiblemente, los daños mayores.

La estructuras de drenaje del agua de lluvia: arroyos, ríos o ramblas, que en Levante la mayoría del tiempo se encuentran prácticamente secas, han de conservarse expeditas, con su sección hidráulica limpia de vegetación y sedimentos para que puedan cumplir su función al cien por cien cuando aparezca la lluvia torrencial inherente a las DANAs o gotas frías.

Por lo que se ha visto el estado actual de estas estructuras de drenaje deja mucho que desear. He podido contemplar ramblas, arroyos y ríos invadidos de vegetación y de sedimentos. En consecuencia la capacidad de evacuación de agua se encuentra muy restringida y los daños producidos por las riadas son máximos al ser aquellos incapaces de drenar los caudales de agua que se aportan.

Es evidente que unas precipitaciones de la magnitud de las ocurridas son muy difíciles de manejar. Por lo cual, aún se hace más necesario que los drenajes sean capaces de evacuar el máximo de agua para lo que es preciso que las secciones hidráulicas estén limpias .Porque de esta forma podremos reducir en todo lo posible los daños de la riada.

He podido contemplar atónito que en plena gota fría se encuentren máquinas limpiando cañas de los desagües. Esa labor preventiva ha de hacerse antes. El problema radica en que no se hace. Los ecologistas a base de presiones a la administración vuelven a salirse con la suya. Y nadie les contradice.

Es evidente que las actuaciones para mitigar los daños de las DANAs no han de terminar en solamente la adecuación de las estructuras de evacuación del agua. Hay que delimitar las zonas inundables, para impedir que se construya en estas áreas. Estas actuaciones ya se vienen realizando a partir de los Planes de Evaluación del Riesgo de Inundación. Pero hay que seguir actuando en esta línea. Es muy importante para evitar daños en los bienes de los ciudadanos y en las personas. Aunque seguirá habiendo muchas edificaciones antiguas que están en la zona inundable. Y estas siempre estarán en riesgo. Pero es necesario perseverar en la política de quedar libres de construcciones las zonas de inundación para evitar males mayores.

Otra línea de actuación es dimensionar – en los casos de territorios con riesgo de gota fría – las estructuras de evacuación del agua, para avenidas de períodos de retorno más altos. Esto encarecerá las obras pero disminuirá el riesgo de daños. Han de llevarse a cabo análisis coste – beneficio para obrar en consecuencia.

Y por último diseñar estructuras de regulación, embalses, con vistas a laminar en lo posible las avenidas y disminuir sus efectos devastadores.

Es preciso perseverar en este tipo de políticas preventivas. Si el cambio climático comportará un aumento en la frecuencia de estos fenómenos extremos, es razón de más para poner desde ya manos a la obra y prevenir las consecuencias de futuros episodios de gota fría.

Esperemos que las autoridades tomen nota de todo esto. Pero me temo que volveremos a las andadas. Hasta la próxima DANA. Cuando tornaremos a lamentarnos y rasgarnos las vestiduras. Pero es que en España somos así: poco previsores.

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