Hace unos días en un programa de radio escuchamos a un periodista, quizás Jabois, decir: “ Hemos oído cientos de veces que el PP ha sido una máquina de crear independentistas, para luego añadir que, a la postre, el nacionalismo catalán está resultando otra máquina de hacer nacionalistas españoles “. Venía a decir que también en la sociedad y en la política, era válido ese tercer principio de Newton de acción y reacción. Muy probablemente ello sea cierto para el caso de la reacción ante el nacionalismo independentista catalán, con otro en sentido opuesto, con imprevisibles pero poco halagüeñas consecuencias. Pero no es sobre el independentismo catalán y sus reacciones opuestas de lo que queremos hablar, sí de los efectos que producen otros hechos concretos y que siempre llevan asociados una reacción contraria. La mala noticia que se nos antoja de este tercer principio es que, si bien pasado el tiempo se puede llegar a una nueva situación de equilibrio, los estados intermedios para llegar a él a veces son dramáticos, largos y nada deseados por la inmensa mayoría de la sociedad.

Comenzamos la transición española a finales del setenta y cinco del siglo pasado, paulatinamente nuestra sociedad se fue acercando más y más a los parámetros políticos de nuestro entorno europeo, optamos por los partidos democráticos como herramientas para hacer llegar nuestras ideas políticas y metas sociales al parlamento de la nación, a los autonómicos, a los ayuntamientos.

Es muy elevada la responsabilidad que adquieren los partidos al ser la voz en las instituciones públicas de los anhelos del pueblo. Uno se imagina el peso sobre las espaldas de nuestros responsables políticos en su trabajo diario, trabajo digno, muy digno y lleno seguramente de sinsabores por no llegar nunca a la deseada meta. Pero, no nos engañemos, desde hace tiempo somos conocedores del enorme desapego y distanciamiento que muchos ciudadanos están sintiendo por los partidos. Seguramente hay muchos factores que contribuyen a ello.

Suscita un enorme cabreo y descrédito de los partidos ante los ciudadanos el ver que elección tras elección hay políticos que han hecho de la política su única y exclusiva forma de vida,  se percibe mal, muy mal el que tal o cual militante comenzara en las juventudes del partido equis, para continuar carrera como concejal de un área joven en su ciudad, después a otra de mayor relevancia, seguidamente a asesor de  algo que en ocasiones ni falta que hace o ni entiende, a una dirección general, al Congreso de los diputados, al Senado …, en fin, hacer de cargos y puestos su modus vivendi. Todos sabemos cuándo estamos al cabo de la calle que, esto genera animadversión y hastío a ese tipo de políticos. Que en nuestra cultura occidental y desde la Grecia clásica hemos considerado a la política y a los políticos de forma muy noble, siempre y cuando estos hayan cumplido con su tarea y pasado por donde el resto de ciudadanos han pasado, es decir, por la sociedad civil, por el trabajo en una profesión que te dé independencia y solvencia en la calle, por la formación de ciudadanos que en un momento de su vida tratan de devolver a la sociedad lo que ella antes ha puesto en su bagaje vital, y luego, pasados cuatro u ocho años de nuevo a su vida anterior, en definitiva queremos sentirlos próximos, sentirlos como uno de los nuestros, no se les pide que sean un portento como Alejandro de Humboldt, ni tan geniales y humanos como Enzensberger, ni del bestial talento de Picasso, tan sólo que nos sean próximos y tan normales como lo somos el resto, y sí, de ida a la política y de vuelta a “las calles”, ¿es tanto pedir?.

Pero señor político con alta responsabilidad, no dudes que genera un considerable cabreo cuando se ve que algunos de los que nos representan, han hecho de la política su única forma de vida. Y volvemos a ese tercer principio de Newton, sí, en efecto, al de la acción y reacción. ¿Cuál puede ser la reacción de la sociedad ante partidos en el que poco a poco los profesionales de los mismos han tomado el poder como algo personal y que llegan a distorsionar su esencia original?. Podría ser que la ciudadanía dejara de considerarles útiles para sus ideales, ¿y de ahí que consecuencias se podrían arrostrar?, quizás el florecimiento de salvapatrias, de parlanchines, de vendedores de humo …, y muy bien sabemos sus consecuencias a lo largo de la historia cuando han llegado al poder, ¿estamos midiendo bien las consecuencias de no hacer nada ante esta toma del poder en los partidos por parte de los parapetados a cal y canto en los mismos?, Son pocos, en todos los partidos son pocos y a veces con excesivo o con todo el poder, pero qué daño hacen y qué nefastas consecuencias pueden traernos.

 

CONTEXO ACTUAL es un Grupo de análisis político y social, formado por especialistas en diversas materias, de carácter crítico, preocupado por la situación actual.