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EL DEDO EN LA LLAGA

EL DEDO EN LA LLAGA

El otro día asistí a un pequeño debate en las redes, sobre la gratuidad de los libros de
texto. Al parecer, la Asamblea de Extremadura ha aprobado hace muy poco dicha
normativa, algo que quien lo hacía notar ridicularizaba (con conocimiento de causa, pues
ha sido alto cargo en Educación), al decir que se había dado luz verde a una noticia que
ya tenía luz verde desde hace tiempo.

Los comentarios eran del tipo: “Ah, ¿si? Pues no me había enterado”. Lo cual en una
región de un poco más de un millón de habitantes, con unos medios de comunicación
muy concretos, es para preocupar.

Alguien inteligente y baqueteado por la vida dijo: “Pero no hay mayor desigualdad que
tratar como iguales a quienes no lo son” y ya nadie respondió. Estoy de acuerdo. La
medida, aunque aparentemente igualitaria, ayuda en una pequeña escala a esa
desigualdad, porque al de mayores recursos (en principio) no le hace falta.

Con lo cual, acabé preguntándome hacia dónde vamos en la coherencia del
planteamiento sobre la igualdad y si a alguien le interesa verdaderamente esa faceta. Es
como cuando se acepta la máxima de la enseñanza inclusiva en todos los casos, lo que
deviene -si se lleva al extremo- en una ralentización del proceso de enseñanza para la
media de los niños con características corrientes, a los que de alguna manera se
“penaliza” (si se me permite la expresión).

Entiendo que hay que ser muy cuidadosos con todo esto para manejarlo con máximo
cuidado. La escuela, en razón de su esencia, ha de ser profundamente socializadora y
reequilibradora de las desigualdades sociales. Pero si, para ello, continuamente se tira de
“la cuerda” por el mismo sitio, en la rebaja de las condiciones generales de dicho proceso
para atender a los menos dotados, al cabo “la cuerda” se romperá, pues una de las partes
vive de que la otra no sea exigente con sus propios derechos, cuáles son, los de tener
una enseñanza adecuada a sus necesidades. Pienso que es necesario -por elloreequilibrar,
usando el sentido común, con una buena formación inicial y continua al
docente para que esté muy preparado en sus actuaciones en el aula. En nuestra memoria
algunos casos, mediáticamente muy conocidos y lamentables para niños, padres y
profesionales de la enseñanza, en los que posiblemente la falta de preparación específica
del docente en estrategias en el aula con niños difíciles, pudo ser una de las causas de
los problemas generados.

Algo parecido sucede con el asunto de las becas o la gratuidad de las matrículas.
Demasiadas veces oímos, en Extremadura, comentar a algún agraciado que el importe de
las mismas le sirve para engrosar su cuenta corriente más que para los gastos directos
que han de sufragar las propias ayudas. El saber si esta situación corresponde a muchas
o pocas familias extremeñas, supongo que entra dentro de las obligaciones de quienes
las otorgan y de un examen fidedigno de las verdaderas circunstancias económicas y
sociales de quienes las piden. Todo emana de un erario común, propiedad de todos y a
todos se les debe el respeto de no tratarlos discriminadamente.

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