El espíritu desunido de los extremeños

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Miren, señores, la política también son números. Cuando alguien entra en ella debe tener
firmemente interiorizado que para ganar hay que conseguir más votos que los otros. Y eso
se logra si se aglutinan esfuerzos, se concilian aquellos propósitos conciliables y se
establece una organización que permita que cada uno de los pertenecientes a ella aporte,
al objetivo común, lo mejor de sí mismo.

Tiene, además que contarse con una cabeza representativa, alguien como imagen de
cuánto se pretende explicar para convencer. No vale cualquiera, tampoco pueden existir
veinte mil personas (aunque las tenga el grupo) que se presenten ante la opinión pública,
como números unos, todas ellas, cada cuál única “conseguidora” del éxito. La historia no
funciona así. Todos no pueden ser jefes ordenando, tiene que haber “obreros
hormiguitas”, o si prefieren, “funcionarios” eficientes que trabajen todos los días
sumergidos en la cotidianidad. Porque para lograr el triunfo, además de ideas atractivas y
un presupuesto para divulgarlas, se precisan muchas manos de muchos individuos,
hombres y mujeres. Y por lo general, mucha dedicación y poco ego.

En contra de lo que pueda parecer, los logros se han de pelear. Y no solo en los medios
de comunicación. Es cierto que los votantes somos a veces presa fácil de propagandas
pagadas por otros, pero eso no quiere decir que siempre nos sumerjamos en la trampa,
también tenemos nuestro corazoncito, nuestra cabeza y nuestras necesidades. Y no todas
las veces nos dejamos engañar.

En los últimos tiempos, han aparecido ante la opinión pública distintos grupos o
plataformas, creados, a tenor de sus propias palabras, con el fin de presentarse a las
elecciones próximas. Desean intervenir activamente en la política local logrando mejoras
en la vida de sus conciudadanos. Ya no se fían de los partidos clásicos. Nada que objetar
al respecto, están en su derecho. Ahora bien, en mi modesta opinión, si continúan con
dicho propósito, deben tener claro que su trabajo ha de ser muy serio si quieren
impresionar a los contribuyentes y no solo a sus conocidos. Los líderes de ellas han de
arriesgar y manifestarse claros en sus opiniones sobre los temas importantes del territorio
y ofrecer alternativas. Disponer de un proyecto pensado con la cabeza y las tripas, porque
en la acción política juega fuerte, además del sentido común, el instinto largo y la intuición
cercana. Y el conocimiento cierto de la realidad, de lo ya hecho por los anteriores y de lo
que queda por hacer. No todos lo tienen o poseen tiempo y paciencia (incluso sabiduría)
para alcanzarlo.

Permítanme que les muestre una duda. En la diversidad de plataformas creadas con el
mismo objetivo, cada una independiente de las otras y compitiendo entre ellas, subyace el
peligro de una fragmentación tan grande del voto que lleve, al cabo, a unos resultados
irrelevantes en el cómputo final de los resultados. La situación no es nueva en
Extremadura y debiera servirles para no cometer los mismos errores de otras
experiencias pasadas. Unos conocidos versos de Francisco Gregorio de Salas, escritos la
friolera de hace doscientos años, pudieran servirles de advertencia:

Espíritu desunido/ anima a los extremeños/……../ Cada cual en sí metido/ y
contento en su rincón/ aunque es hombre de razón/ vivo ingenio y agudeza/ vienen
a ser por pereza los indios de la nación”.


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