abascal broncano

El mando a distancia de la intolerancia

CON CRITERIO

Yo sé que esta columna va a ser polémica y que más de un@ la leerá y bien no opinará o lo hará en contra. Ambos criterios son tan respetables como el.mío, obviamente. Dicho lo cual, vamos a ello, que en esta ocasión, la cosa tiene su miga.
Todavía no se ha sentado Santiago Abascal frente a David Broncano en La » pública» Revuelta y ya hay quienes han decidido condenar la entrevista antes de escuchar una sola pregunta. En las redes sociales proliferan los llamamientos al boicot, los reproches a TVE1 y las declaraciones solemnes de quienes anuncian que ese día no encenderán el televisor.
¡Qué formidable ejercicio de libertad! Apagar la pantalla para no correr el riesgo de escuchar a quien piensa diferente sea quien sea.
Lo verdaderamente curioso es que parte de esas protestas procede de sectores que reivindican, con toda legitimidad, el pluralismo y la diversidad. Pero resulta difícil defender una televisión abierta a todas las sensibilidades y que pagamos tod@s mientras se cuestiona la presencia de un dirigente político por sus ideas.
Abascal no es santo de mi devoción. Que quede claro, pero por el mero hecho de acudir a un plató no necesita que nadie le extienda una alfombra roja ni invite a vetar ver su intervención . Abascal necesita preguntas. Buenas preguntas. De esas que incomodan, desnudan contradicciones y obligan a responder sin parapetarse en consignas.Exactamente igual que Pedro Sánchez, Irene Montero, Gabriel Rufián o cualquier otro político. A ver de qué va el cuestionario y cuáles son las respuestas.
Y, por cierto, tampoco conviene pasar por alto otro episodio de esta polémica: la cancelación de la asistencia del público inicialmente convocado para el lunes 9, bajo el argumento de unas circunstancias especiales todavía insuficientemente explicadas. Si reclamamos transparencia, reclamémosla siempre. También cuando la explicación pueda resultar incómoda para nuestros propios argumentos.
Aquí nadie debería tener derecho a elegir un público complaciente, ni a exigir que desaparezca de la pantalla aquel que le disgusta.
Las redes sociales, convertidas demasiadas veces en tribunales sumarísimos, están consiguiendo un milagro digno de estudio: que una entrevista todavía no emitida ya tenga defensores, detractores y sentencia.
Y yo me pregunto: ¿desde cuándo escuchar supone compartir? ¿Desde cuándo entrevistar significa respaldar? ¿Y desde cuándo la democracia necesita que alguien nos proteja de las palabras de los demás? Ya somos maduritos, oigan.
Que cada cual vea lo que le dé la gana. Faltaría más. Pero una cosa es ejercer libremente el derecho a cambiar de canal y otra convertir el boicot en una prueba de pureza ideológica.
A Broncano le corresponde preguntar. A Abascal, responder. Y a los ciudadanos, juzgar, si quieren,claro. Sin tutelas, sin censores y sin guardianes de nuestra conciencia.
Desde mi criterio, la democracia no consiste en silenciar al adversario, sino en tener argumentos suficientes para discutirle y quien confunde ambas cosas debería revisar qué entiende exactamente por libertad.
Insisto. Que cada cual haga lo que considere oportuno, estaría bueno.
Yo sí veré y escucharé a Broncano y Abascal. O sea…

 

Paco de Borja
Con Criterio | Digital Extremadura


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