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ELIGE VIVIR TU VIDA

ELIGE VIVIR TU VIDA

Mi profesión me brinda la oportunidad de conocer a personas muy diversas, de diferentes campos profesionales y con distintas inquietudes y vivencias.

Como podéis imaginar, mis ojos y orejas están de par en par para aprender todo lo posible, pues, cada una de las personas con las que me cruzo, es una gran enciclopedia andante de la vida y me brinda generosamente su experiencia.

Da igual que hablemos de fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, médicos, empresarios, administrativos, adolescentes, profesores, personal de limpieza, instituciones religiosas, centros de atención a diversidad funcional, seleccionadores en una línea de fábrica, o voluntarios de tercera edad. Es tal la riqueza de experiencias y de visiones y paradigmas de la vida, que no puedo sentirme más agradecida por tener esta oportunidad.

Todo esto me lleva a una reflexión; todas las personas son un cúmulo de conocimientos, vivencias y experiencias, sin embargo, lo que más valoro son las actitudes vitales y las ganas de vivir desde la alegría interior, que destilan tantos y tantos profesionales.

Hay personas cuyas circunstancias externas, nos darían la excusa de vivir en la queja, el victimismo o la lamentación y, sin embargo, son perfectamente conscientes de la capacidad que tienen de elegir con qué actitud van a vivir sus vidas. No hablo de personas que tienen una ilusoria vida de “happy flower”, hablo de personas con situaciones verdaderamente difíciles en su vida que deciden mirar al frente y apreciar lo que tienen por delante.

En una de las últimas sesiones de equipos que tuve en una empresa, se generó un clima de análisis, que casi podría rayar en la queja y el victimismo. Como bien sabemos, es nuestra mejor guarida de excusas y pretextos para evitar hacer cosas o encontrar nuestra parte de responsabilidad.

Uno de los asistentes, después de escuchar atentamente y con mucha serenidad, levantó la mano, le di la palabra y empezó a dar su opinión sobre lo que él veía de esa situación. Empezó a hablar y su voz se percibía emocionada, comenzó a contar que para él, como responsable de un equipo, su mejor maestro y su mayor aprendizaje sobre cómo tratarlos, se lo debía a su hijo autista. Desde que tuvo el diagnóstico, decía que para él había sido un jarro de agua fría, pero que, a su vez, había sido lo que le había hecho mejor persona y mejor líder de su equipo. Le había llenado de paciencia, comprensión, dulzura, empatía y le había enseñado a escuchar lo que no se dice, a leer miradas, a observar y a mirar el mundo desde lo que realmente importa. Le había ayudado a saber cuidar a las personas siendo consciente que, cada uno, vive las realidades de maneras muy distintas, haciendo que esa diversidad remara a favor de su estilo de liderazgo y de entender que el centro es la persona.

Él confesaba que era profundamente feliz con su vida, y que, para él, nada era tan grande como para venirse abajo ni para quejarse. Que para él todo estaba lleno de motivos para dar gracias por todo lo que se nos ha dado y que, gracias a su Tesoro, como llamaba cariñosamente a su hijo, la vida era mucho más bonita. Le había ayudado a bajar de un pedestal de superficialidad en el que él estaba subido, y que ahora disfrutaba de lo pequeño, de gestos diarios, de sutiles avances y progresos.

Se creó un silencio profundo que ponía de manifiesto lo realmente importante; que no es la circunstancia que te rodea, es como tú decides vivirla. Desde dónde decides mirar la vida.

Nuestra forma de entender la realidad que vivimos, nos lleva a poder elegir como vivirla. Vivir, desde la mediocridad o desde la grandeza, que tan bien definía el gran Stephen Covey en sus libros.

Ante determinadas circunstancias de la vida, la pregunta clave es ¿Qué es lo mejor que puedo hacer en estas circunstancias? Indudablemente, la respuesta siempre es absolutamente personal, íntima y en algunos casos, incomprendida por nuestro entorno. Vivir fieles a quienes somos y a cómo decidimos interpretar los acontecimientos que ocurren es, seguramente, la clave de nuestra felicidad.

Y tú ¿qué es lo mejor que puedes hacer ante las circunstancias que te ofrece hoy tu vida?

 

 Macarena Muñoz Gómez

www.grupotalentia.com

Coach, Consultora y formadora 

Experta en Comunicación Interpersonal y gestión emocional

Socia Directora de TALENTIA.

Sobre el Autor

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