Éxito rotundo en la representación del Carnaval Jurdanu en Lisboa

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Se celebraba la XII Edición del Festival Internacional de la Máscara Ibérica y participaban en el magno desfile 36 grupos y alrededor de 700 personas.  Lisboa, capital Iberoamericana de la Cultura, hervía en colorido y bullicio.

El Área de Desarrollo y Turismo Sostenible de la Diputación de Cáceres, entidad que gestionó la presencia los jurdanos en el mentado Festival, había reservado a los participantes (también se incluía la comitiva de “Las Carantoñas” de Acehúche) diversos apartamentos en “Inatel Oeiras”, en la villa portuguesa de Oeiras, perteneciente al Distrito de Lisboa.  Magnífico lugar, a pie de playa, donde el estuario del río Tajo se abraza al Océano Atlántico.  No muy lejos de Cascais y Estéril y circundado por los bastiones de Forte de Sao Juliao da Barra, Forte de Arriero, Forte de Caltalazete o Forte de San Joao das Maias, levantados en los siglos XVI y XVII para proteger y defender la Barra del Tajo.

 

DESFILE

 

Bien comidos y bien bebidos, los jurdanos, embutidos en sus indumentarias y máscaras carnavalescas, fueron desgranando sus “rejuíjuh” (escenificaciones de antruejos) a lo largo de las avenidas que cruzan o flanquean la “Praça do Museu da Marinha” y el “Jardim da Praça do Imperio”.  Los mitos y ritos, perdidos en la noche de los tiempos y que sustancian de heterodoxia, transgresión, esoterismo y magia las carnestolendas del pueblo jurdano recobraron vida entre las calles lisboetas.  A ritmo de gaita y tamboril y secos repiques de castañuelas, avanzó la comitiva, presidida por “El Arruverdi”, personaje emperifollado de verde naturaleza y que pretende despertar la explosión primaveral.  Detrás, iban danzando los “Ramajéruh del Entrueju”.  Proseguían la “Jáncana de lah moragállah”, “Pericu el de Lah Júrdih Málah”, “El Loberu de Lah Júrdih”, “La Jilaora”, “El Jáncanu del Frontal de la Nebrera”, “El Ánima en pena del cabreru de Luh Casárih” o “La Carantoña del cachiporru”.  Correteando por los flancos, iba “El Tíu de la paja”, lanzando puñados de paja a todos los espectadores que se encontraba a su paso.  Cientos de cámaras de fotos y numerosos equipos televisivos se dejaron seducir por el encantamiento del “Carnaval Jurdanu”, abduciendo el carácter legendario de este festejo que debe ser mimado, salvaguardado y proyectado por todo jurdano que se precie de ello y quiera ver a su tierra en el podio más alto de las tradiciones hispanas e incluso del mundo indoeuropeo.

Al terminar el desfile, los jurdanos fueron invitados a relajarse en el pabellón que la Diputación cacereña tenía montado en el real de la feria  “Da Mostra das Regioes”.  Luego, vinieron las fotos de rigor junto al “Monumento aos Descubrimientos” que conmemora los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante y ante otros enclaves turísticos.  El domingo, día 7 de mayo, efemérides de San Labrador y Santa Eufrosina, se emprendió el regreso, después de meterse entre pecho y espaldas un desayuno pantagruélico.   Atrás iban quedando las tierras portuguesas, aguardando, tal vez, a otro nutrido grupo de jurdanos comprometidos a acudir  el próximo año con redobladas fuerzas e ilusión para mostrar las auténticas raíces festivas de su tierra.


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