Moleón.

En Las Viñas aún, en un cerro junto al camino, quizás ya ni queden los restos de lo que fue antaño la Casa del Guarda. Si eran ruinas, apenas perceptibles, cuando cazábamos por allí, hoy qué serán… Un poco más adelante, junto al Camino, los restos de lo que llamábamos    la Casina de tío Lelo, que se asoma a la derecha, a la Umbría. Estamos en tierras de Marín, que yo creo que aún son viñas, y luego ya Sevillano, donde comienza el mundo del granito y las retamas.

Si bajamos de Sevillano Solana abajo pasamos cerca del Vivar de las Hostias, que no sé si viñas aún o ya jaras; y abajo la Solana del Rayo, cerca del dicho Meticabeza. Vamos por la orilla hacia delante: Benito, gran canchal, que si se contaran los lances habidos en él, no acabarían. Por allí, aguas abajo, o sea, cubierto por ellas estará aún lo que los antiguos conocían como El Cuartel General, vivar imponente en el que tenían morada todo tipo de animales sil- vestres. ¿Y luego, orilla avanzando? Estamos perdiendo la memoria de tantos sitios caminados escopeta en brazos. Tal vez Las Burgueñas, otro imponen- te vivar, cerca de donde el Zahurdón, arroyo estacional que lleva sus pocas aguas al Tajo. ¿Estará por allí, pero arriba, cerca del Camino de la Cumbre, la Peña de los Cochinos? Pues eso, si no es ya límite entre la de Enmedio y la Jara Abajo, cerca le anda.

Volvamos a Marín y a la Casina del tío Lelo; salimos por Sevillano. A la dies- tra, mirando para Valdelaosa, ¿qué tenemos? Antes, la Umbría del arroyo del dicho Valdelaosa, pero ¿son aún Viñas, es Morales o es ya la de Enmedio? Lo dejamos a la discusión. En esa umbría, El Alcornocal, paraje singular, bien poblado de lo que su nombre indica, lugar del conejito y de la perdiz. Algo más adelante y más arriba, El Joche de la Ceranda: una cuenca muy poblada de monte bajo y de canchales: jardín de caza antiguamente, hoy “mustio collado”.

 

 

Avancemos, por arriba, Sevillano, algunos parajes que se me quedan en el cargador de la pluma, y luego tras un collado de grandes retamas, Catalina Pérez, la fuente y las canchaleras. ¿O están antes – siempre de umbría – Las Cristobas? Las Cristobas, si nos detenemos arriba, en la cumbre, y miramos el paisaje respiraremos un instante la inmensidad del mismo. Las aguas del Embalse por el cauce de La Fresneda al otro lado, al norte, término de Ceclavín, un terreno igual que este en el que estamos, pero allá, alejado, yéndose hasta donde el Alagón se une al Tajo, en el gran farallón de la presa de Alcántara.

Angelicales recuerdos de Las Cristobas, lugar en el que disfrutamos enormemente en aquellos años de la eclosión del conejo. ¿Y más allá? Rejollón, Barbaslargas, ¿llegamos ya al límite de la Jara de Abajo? Esa para otra carta. SCM.

 

 

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