LA DECENCIA

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Uno conoce a los amigos verdaderos porque están ahí, cuando todos los otros se han ido.
En realidad los otros nunca debieron ser calificados como tales y mucho menos en ciertos
entornos de la vida y en organizaciones donde la zancadilla es uno de los vicios más
concurridos. No conviene escandalizarse, hubo un tiempo en que algunas personas
llegamos a creer que si las mujeres entraban en política con capacidad de decisión,
muchas modos de entenderla cambiarían. Que sus salas de máquinas no serían ni tan
competitivas ni tan sangrientas, no habría tanta conspiración y la testosterona no
camparía por sus respetos con absoluta tranquilidad. Nos equivocamos, vaya si nos
equivocamos: demasiadas mujeres han sido estupendas aprendices de la forma de actuar
de sus maestros e incluso les han ganado por goleada.

Para quien no quiere mimetizarse con la teoría política dominante, que impone que al
adversario/enemigo se le debe machacar siempre y no dejar que levante cabeza, están
destinados el desierto y la melancolía. Ignoro si vagar por el primero conduce a la
segunda o por el contrario, es ésta quien obliga a recluirse en la soledad del primero,
entre arenas suaves que no hagan daño al caminar. La mimetización entre los dos
géneros ha llegado a ser tan clara que no cabe hablar de diferencias entre mujeres y
hombres en la forma de actuar políticamente. Salvo, quizá, muy al principio.
Lo pienso, contemplando a las nuevas mujeres del gobierno. En el principio está la
ingenuidad. La ingenuidad de creer que puede arreglarse el mundo, los animales y las
cosas. Al menos, mejorarlas. La ingenuidad de creer que, puesto que sí alguien ha
llamado, lo ha hecho en función de una valía propia cuyas tesis de actuación serán
incorporadas al proyecto. La ingenuidad de creer que se dispone, en las consabidas
dificultades, de un grupo de colegas trabajando con idénticos objetivos. La ingenuidad, en
suma, de que puesto que el discurso dice blanco, lo blanco será lo prioritario. Y no habrá
saltos en el guión.

Cavilo sobre esto, observando con curiosidad el cuadro para la historia del gobierno de
este país. Gobierno extremadamente colorido en los equipamientos de las ministras,
vistoso en las fotos, descrito como extremadamente vital. El maestro tiempo evaluará sus
acciones, cuando los cíen días de cortesía expresen lo que cada ministro y ministra tenía
que decir, más allá del vestido, el tipo de calzado o los hijos que tiene. Más allá de lo
jóvenes que dicen ser. Recalcarlo es todo un síntoma de que quien dirige comienza a
sentirse “mayor”. Y mentalmente “reequilibra”

Curiosamente no ha habido demasiadas menciones al número importante de mujeres que
forman el nuevo Gabinete, salvo la alusión del propio presidente, quizá porque otros
rasgos del mismo han tenido mayor efecto periodístico; o también porque los movimientos
feministas se remueven convulsos en este momento, y flota por todas partes un cierto
halo de traición de los próximos. Quizá porque, en el fondo, todo dé un poco igual.
Pero no se preocupen demasiado. La realidad diaria subsume las noticias con una
extrema voracidad, primero viene una y luego otra y luego una tercera… Así, mil veces.
Mientras, los gatopardos de turno hacen como que cambian para que, en el fondo, todo
siga igual, siguiendo la receta de Lampedusa. Que para eso si que escuchan a los
antiguos. Será que los clásicos lo merecen. Aunque ya no sean jóvenes, oigan.


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