Redacción DEx, Música, 10 de mayo de 2026.
El cielo terminó imponiendo su ley sobre el festival. El cierre de WOMAD Cáceres dejó una imagen extraña, casi cinematográfica: rayos sobre la Ciudad Monumental, viento atravesando la Plaza Mayor y escenarios enfriados por una tormenta que vació buena parte del alma callejera del certamen. La lluvia no solo mojó los conciertos; también pareció empapar el ánimo de una edición que muchos asistentes consideran menos multitudinaria y menos internacional que otras anteriores.
La tormenta descargó con fuerza y el agua y los truenos acabaron convirtiendo el sábado womero en una metáfora involuntaria: el ruido del cielo apagando por momentos la voz de la reivindicación.
La situación obligó incluso a detener temporalmente el concierto del grupo africano BIM en la Plaza Mayor. La organización activó el protocolo de seguridad ante el riesgo de tormenta eléctrica y emitió un comunicado claro: la prioridad era proteger al público, artistas y trabajadores. Tras monitorizar la evolución meteorológica junto a Policía, Bomberos y Protección Civil, el festival pudo retomarse, aunque ya con una sensación distinta, más fría, menos expansiva.

En mitad de ese escenario cambiante, apareció la voz de Carolina La Chispa para devolver algo de calor humano al festival. La cantaora extremeña arrancó con una sentida versión de La Llorona y continuó con tangos extremeños que conectaron con el público resistente, cerrando su estupenda actuación con un sentido homenaje a Robe, el desaparecido líder de Extremoduro, bajo un cielo amenazante.
Pero incluso entonces se notaba algo diferente. Había huecos. Menos tránsito. Menos electricidad social. Las calles que tradicionalmente funcionan como arterias espontáneas del WOMAD —San Antón, Pintores o San Juan— aparecían mucho más apagadas que en otras ediciones.
Muchos asistentes comparaban inevitablemente esta edición con la del año pasado, aunque celebraron la desaparición del antiguo botellón masivo y defendieron un ambiente más tranquilo y convivencial,.
WOMAD ha cerrado una edición marcada por la meteorología, sí, pero también por preguntas más profundas. Sobre su identidad. Sobre su capacidad de convocatoria. Sobre el equilibrio entre lo local y lo global. Y sobre cómo mantener viva una marca cultural histórica sin desdibujar aquello que la convirtió en única.






