“Las 7 cosechas”: una solución a la crisis del campo

Comparte en redes sociales

  • La empresa Oleosetin engloba en el manifiesto las alternativas de éxito distinguidas en todo el proceso de producción

  • Luis Miguel Martín sobre Extremadura: “somos un gran diamante en bruto sin pulir”

La almazara extremeña Oleosetin, situada en Marchagaz, ha creado un manifiesto bautizado con el nombre de “Las 7 cosechas” para romper con la crisis del campo. El aprovechamiento de los recursos, la transformación de las materias primas o encontrar un precio justo para los productos son algunas de las alternativas de éxito que se plasman en el documento. Este manifiesto, que puede leerse en el blog de Oleosetin, engloba un conjunto de conclusiones que se extrajeron de unas jornadas realizadas en Marchagaz durante el pasado mes de noviembre, bajo el título de TURISMO DE ACEITUNA Y OLIVAR SOSTENIBLE y cuyo objetivo se basa en revertir la despoblación rural.

Jesús Lucas Sánchez y Luis Miguel Martín González, ambos gerentes de Oleosetin, han recibido a Digital Extremadura en su Oleoteca en Cáceres, para explicar de dónde nacen las raíces de su empresa y cuál es la filosofía de su manifiesto. “La familia Oleosetin procedemos de dos pueblos del norte de Extremadura: Robledillo de Gata en la Sierra de Gata y Marchagaz en la comarca de Tierra Granadilla” cuenta Jesús, “además de producir aceite con la variedad autóctona manzanilla cacereña, hacemos otras actividades para hacer sostenible el olivar tradicional que hemos heredado de nuestros padres”. Catas de aceite en la Oleoteca o visitas al olivar y a la ganadería desde sus apartamentos turísticos son algunas de las experiencias que ofrece Oleosetin. En cuanto al aceite, “a pesar de ser un producto minúsculo tenemos una almazara propia y nosotros lo envasamos y distribuimos a demanda”, explica Sánchez.

Respecto al manifiesto, Las siete cosechas son la base para revertir la despoblación rural y poner en valor la manzanilla cacereña”, señala Luis Miguel. Uno de los puntos destacados del documento es que lo más importante del mundo rural son sus gentes, y por ello: “consideramos nuestro olivar como una parte de naturaleza viva y hemos aceptado la responsabilidad de cuidarlo, ponerlo en valor, hacerlo sostenible, compartirlo y poder transmitirlo a otras generaciones para conseguir ese objetivo, revertir la despoblación”. Esta conclusión puede aplicarse a todo el sector agroalimentario para descubrir el verdadero valor del producto autóctono, añade el gerente.

Cabe mencionar la necesidad que plantea el manifiesto de crear capital humano, que lleva a González a responder que “no hay capital humano preparado, el capital humano existe pero no en el sector de la agricultura”, explica González. En este sentido, surge una dicotomía: “el agricultor del siglo XXI no sólo tiene que saber estar subido a un tractor, debe tener otros conocimientos como buscar más valor añadido a sus productos, comercializarlos… ese capital humano desgraciadamente no lo tenemos”.

Extremadura es un gran diamante sin pulir, tal y como subraya Luis Miguel. “Tenemos de todo, pero lo principal y más importante es que tenemos que creernos que tenemos de todo y saber poner en valor nuestros productos”, lo cual hace referencia a las ventajas competitivas que señala el manifiesto respecto a otras comunidades autóctonas.

En cuanto a las “4 Co…”, González explica que se trata de un acrónimo de gran importancia. Colaboración, cooperación, compenetración y compromiso son los cuatro pilares fundamentales de esta conclusión que se deben llevar a cabo en el sector agroalimentario. A esto hay que añadirle la referencia a la identidad del campo y la importancia del turismo en el manifiesto, como algo de suma importancia para lograr el éxito. “La gente que visita el entorno rural debe adaptarse a sus condiciones. De la misma manera nosotros tenemos que buscar cómo atraer a personas que nunca lo han visitado y quieran seguir volviendo”, indica Luis.

Otros de los puntos a destacar son el precio justo y la fiscalidad del entorno rural. El precio de un producto es difícil de determinar, lo que hace que sea justo es “el valor añadido a cada botella de aceite: la pasión, la delicadeza, la profesionalidad de nuestra almazara… eso sí indica su precio justo”, ssubraya Luis. En el manifiesto el sector reclaman una bajada de fiscalidad respecto al mundo urbano ya que “los ingresos y gastos no son equiparables a los del entorno rural”.

Y tal y como concluye el manifiesto: ‘No pensemos tanto en qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos, sino que hijos vamos a dejar a nuestro mundo’, Luis Miguel hace hincapié en la necesidad de educar y traspasar esa filosofía y valores a futuras generaciones, para que el mundo rural no desaparezca y pueda mantenerse durante años importando nuevas raíces.


Comparte en redes sociales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.