Lidia Falcón, gran luchadora por la igualdad

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Es una  abogada de extraordinario prestigio, también licenciada en periodismo y arte dramático. Ha luchado toda su vida por la igualdad de derechos de hombres y mujeres  desde la clandestinidad, empeño que le costó la cárcel, con torturas y falsas acusaciones. Militando  en el partido comunista   fue perseguida durante años  pero ha contribuido  con valentía  a ampliar el contenido político de la actividad por la no discriminación, obteniendo un importante éxito en la modificación de normas hacia la construcción de un marco jurídico igualitario. Actualmente se ha visto denigrada por mantener un sistema de igualdad que no coincide, al parecer, con la teoría oficial. 

Hay que recordar con insistencia los antecedentes de esta lucha ,incluyendo el luctuoso suceso que tuvo lugar en una empresa textil de los Estados Unidos que en 1908 prendió fuego a unos almacenes donde se habían concentrado más de 200 mujeres  trabajadoras del sector reclamando la igualdad de salarios. Fue la alemana Clara Zetsckin la que tuvo la idea de que se declarase esa fecha  un  Día Internacional de la Mujer. También en 1938 fueron represaliadas las limpiadoras de Universidad de Harvard por pedir mejores salarios. Hace pocos años se desplomó en Bangladesh el techo de una fábrica matando a mil trabajadoras que cosían en los talleres en régimen de esclavitud. Nadie creyó que fuera un accidente.

  Cualquier ocasión es buena para poner de manifiesto  estos hechos que  dan a conocer las situaciones sufridas desterrar la desigualdad.  Es encomiable  el empeño de esta gran abogada que  tanto se ha arriesgado por conseguir los mismos derechos e igual trato realizando  grandes  esfuerzos para la abolición de la discriminación en todas las situaciones. Sus ideas y reflexiones   se han hecho clásicas, aunque reflejan también  la lenta marcha del colectivo social.

Recientemente han cambiado los criterios. Hoy día  algunas mujeres, no muy preparadas, que están en el poder, mantienen unos planteamientos  aparentemente igualitarios que están lejos del equilibrio y no ayudan a la implantación de  la igualdad a pesar de haber creado un Ministerio que se ocupa  y preocupa de ello.   Se han centrado  en el intento de reclamar por hechos concretos insignificantes, que no deben considerarse una auténtica lucha. Protestar por tener que hacer la cena en solitario, por ejemplo o disminuir las condenas por abusos o agresiones.

La señora Carmena ,persona de relieve jurídico ha  clamado por la rectificación de una normativa tan perjudicial, calificando a la ley  del sistema propuesto , como “soberbia  infantil”  que está dando lugar a resoluciones de retroceso por su mala configuración rebajando las penas  a  los agresores y abusadores  que constituyen un  auténtico beneficio para los delincuentes . Sus proponentes no acaban de reconocer que este sistema propuesto es una terrible equivocación.

Todo ser humano puede equivocarse pero es preciso rectificar sin “soberbia”, ni deterioro de la credibilidad. No hay que atacar a los detractores de estas nuevas normas ni  perseguirlos como ha sucedido con la abogada Falcón, que está sufriendo  la incomprensión  de su propio partido, después de tantos años de actividad  y entrega  por defender la igualdad de los derechos de todos los seres humanos

Hay que admitir que la naturaleza ha establecido una discriminación positiva, de carácter físico, entregando a la mujer el gran privilegio de que su cuerpo sea el portador de otros seres. Ser madre es un honor entregado solamente  a la mujer, que tiene unas consecuencias relevantes. Es de agradecer, es una responsabilidad: tener  un ser humano dentro de su cuerpo, con  derechos en expectativa hasta que se produzca el nacimiento.

 Desde hace siglos, ya en el Derecho Romano las leyes impusieron el reconocimiento del concebido y no nacido a ser considerado una persona para todo lo que le fuera favorable. Tenía expresamente derecho   a la herencia, caso del fallecimiento del progenitor.  Este criterio no es de izquierdas, ni derechas, es un planteamiento humano que ha existido siempre.

Debe estremecernos la injusticia que se ha infligido a  la señora Falcón  tan luchadora y que ha ofrecido sus esfuerzos sin desmayo, dedicando su vida  a  pedir con decisión y arrojo que se respete absolutamente la igualdad.

 


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