SI NO TE GUSTAN MIS PRINCIPIOS, TENGO OTROS

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Al español le gusta el teatro cómico, da igual que sean los Pasos de Lope de Rueda, los entremeses deliciosos de Cervantes, el sainete madrileño lleno de sabor de Ramón de la Cruz o esa astracanada feliz que con la tele tuvo rostros geniales, voces inolvidables, inteligencias afiladas. Ya sea Mihura, Jardiel Poncela o Alonso de Santos, ya sean los del monólogo o un ese manchego genial que se llama Mota, los españoles disfrutamos tanto del chiste que somos los reyes de los memes, los genios de la viñeta, los consumidores de programas cómicos, los siempre dispuestos a contar el chiste sea donde sea ¿Saben aquel que…? Sabemos y contamos el chascarrillo con tal gracia y oportunidad que parece que nos viene de serie la gana de cachondeo… Eso sí, como a veces la realidad supera a la ficción, el asunto este catalán que ya empieza a repetir como el ajo, en vez de astracanada graciosa, chiste y mofa, exhibe un aire ligeramente trágico de puritita estupidez. Porque ni gracia ni grandeza de tragedia tiene.

Yo respeto los principios, también la capacidad de reconocer los fallos y echar el freno. Siempre digo que soy capaz de meter la pata hasta la cadera y luego, con todas las disculpas, sacarla y marcharme cojeando. Pero lo que hemos visto hasta ahora en esta república de quita y pon cual mueble de Ikea no tiene nada de épico. Les pongo un ejemplo: para mí, un partido tan aberrante como la CUP merece todos mis respetos, ellos no se han movido de sus planteamientos, les pese a quien les pese. El resto del plantel han sido unos títeres de sus propios intereses, sobre todo, una desnortada o quizás demasiado bien orientada Ada Colau, que tan pronto decía una cosa como su contraria. Y ni citar a Podemos, cuya defenestración de Carolina Bescansa me ha resultado un auténtico agravio personal. Si uno no puede decir nada en contra de las ideas del líder supremo, más nos vale afiliarnos a la Falange. Me van a disculpar la salida de tono, pero estas idas y venidas dependiendo de por dónde sople el aire me parecen aberrantes. Por eso admiro a la CUP por mucho que esté en absoluto desacuerdo con sus ideas, al menos han sido desde el principio firmes en sus posiciones y no le han tomado el pelo a nadie retrasando comparecencias, diciendo una cosa y su contraria… Eso sí, mi admiración no llega a cortarme el pelo en plan flequillo aberzale o ponerme una camiseta reivindicativa aunque yo era de las que soñaba con ir al examen oral de la oposición con un nicki de Siniestro Total en el que se leía “Ante todo mucha calma” y soy de las que sugiere a los alumnos que hagan para el viaje de fin de curso una con el lema “La sintaxis mola” y su susodicho análisis morfosintáctico. Huelga decir que ni fui nunca a un examen con camiseta, uno sabe bien que hay ocasiones en las que impera el decoro, ni me han hecho nunca caso mis alumnos empecinados en hacerse esos bodrios de viaje de fin de curso año tal y tal… en fin, que soy una incomprendida, pero no se preocupen. Si no les gustan mis ideas, las cambio por otras y ya está. No sufran, que les recuerdo lo mucho que nos gusta el teatro cómico festivo a los españoles. De todas formas, todo esto, si no fuera tan triste y nos abocara a tantos problemas, sería para morirnos 155 veces de la risa.

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