Entre todos podemos evitar que esa @ suponga una penalización para las personas; tod@s queremos que sea así, pero parece que se nos resiste. Tenemos todavía…Cifras que retroceden hacia niveles del pasado.

Minutos de silencio que gritan entre lágrimas “ni una menos”.
Monjas que limpian para los sacerdotes, pero no pueden consagrar.
Actrices que dicen “Me too” después de haber callado años.
Y tantas otras cosas.
Demasiadas.

¿Qué podemos hacer para cambiar el color a este mundo injusto?
Pararnos, caminar, manifestarnos y todo lo que se nos ocurra.
Como por ejemplo…
Compartir sin miedo el hogar, empezando por las custodias y siguiendo con las lavadoras y los pañales, sean de bebé o de adulto.

Enterrar para siempre el “Te ayudo”. ¿Nos ayudamos? ¿Y qué tal si necesitamos menos y vivimos más? ¿Es de verdad necesario todo ese trajín de actividades? ¿Para recibir una medalla de quién?
Nos vendría bien decirle adiós a la perfección y, por tanto, a la autoexigencia desmedida que no nos deja estar tranquil@s ni un minuto.

Y tratar de detectar los prejuicios heredados que se esconden en lo más recóndito de nuestras opiniones.
¿Cuidar? ¡Claro! Pero no todo el tiempo. El cuidado también nos incluye a nosotr@s mism@s.

Tal vez así encontremos tiempo para ir al dentista o a la biblioteca a por un buen libro… y tal vez así entendamos que la belleza es holística y tiene más que ver con el equilibrio que con la perfección.

Podemos dejar de mirar hacia abajo y ser la única persona que ve ese calcetín que se ha caído, la pata de la silla que está rota o esa mancha en el suelo.

Podemos alzar la vista (de la pantalla, del trabajo, del suelo) y mirar hacia el horizonte, llenar los pulmones de oxígeno y caminar por encima del calcetín y de esas otras pequeñas imperfecciones, disfrutando del paseo, no pensando en todo lo que tenemos que hacer.

Y si en vez de dar rodeos, explicamos lo que queremos con claridad y de forma breve 🙂 nos será más fácil lograrlo. Pero si no nos sale, ¡a la mierda!, no pasa nada porque también podemos fallar y decir alguna palabrota de vez en cuando.

Y plantarnos. “No, es no”.
Y si todo lo anterior falla y un@ se siente acorralad@, podemos (como dice mi amiga Itziar) “hacer la gaviota”, es decir, sorprender al personal con un acto inesperado.

Si te preguntan por algo de lo que no quieres hablar, “haz la gaviota”

Estarán tan asombrados que se olvidarán de todo lo anterior.

Hay veces que ni siquiera el recurso de la gaviota funciona…. Es tan cansino pelear, aguantar, perdonar…

Estamos hart@s de que todavía sea necesario el 8m, hart@s de que haya presidentes que se vanaglorian de tocarles el pussy a las jovencitas y que pasean por los edificios más insignes del mundo mientras a nosotras se nos queda cara de gilipollas. ¡Ya basta!

Espero que hoy el morado lo inunde todo: los medios, Internet, la calle… pero sobre todo las conciencias.

Todos somos @

Yo soy @

#yosoy@

Natalia de AME Comunicar

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