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Política de encuentros y desencuentros

Política de encuentros y desencuentros

Esta semana he mirado para otro lado. Un instante de refilón para pensar en un niño como mi sobrino, tan pequeño, tan frágil, tan activo, tan trasto que uno cruza los dedos para que no acabe burlando todos los cuidados. No hay ojo que vigile a un bichito tan feliz de estar vivo, moviéndose, metiéndose dónde no debe. Pero no miro, atiendo brevemente a la noticia y admiro a quienes están ahí. Pero nada más. No puedo ser partícipe de esta histeria colectiva. Sacamos lo mejor y lo peor que hay en nosotros.

Por eso prefiero mirar hacia otro lado, y lo que me encuentro no es Venezuela desangrándose, ni Europa haciendo equilibrios para no darle una patada a Gran Bretaña y a su estúpida idea de convocar un referéndum. No miro a nadie porque estoy muy ocupada pensando en peinarle el flequillo de Tintín a Errejón. Porque lo de tener cara de niño es así de tierno. Uno piensa en su rostro de perpetua sorpresa, en su cabecita repeinada, en su rencor reconcentrado y le dan ganas de darle no una galleta, sino la llave de la despensa. Imagino que a Carmela le ha venido de perlas, las cosas como son, ella tenía que demostrar que nadie le hacía la lista de la compra y al final, ha salido ganando en todo este embrollo. Es la verdadera cabeza pensante, la de Errejón, como la del Bautista, es una ofrenda a su inteligencia. Los partidos están acabados, dice Macron, y las damas municipales hacen suya esta premisa. A Colau le va a salir tan mal como su deseo de estar en todas las polémicas, a Carmena, que tiene la sonrisa abierta y la dolorosa sinceridad de quien nada puede perder, le va a salir fenomenal si es que no se tuerce nada de aquí a Mayo. Eso le pasa a Iglesias por hacerle de menos. Que te das la vuelta a cambiar un pañal y zasca, colleja en toda la nuca. Y encima con alusiones inmobiliarias. Porque no sé dónde vivirá Carmena, pero la casita de Errejón es lo que uno espera de un político que quiere cambiar las cosas. Claro que luego las cambian, pero a su favor. Está por ver que gane Madrid y se compre un chalet no en Galapagar, sino en San Lorenzo del Escorial por aquello de seguir por la zona. Tiene bemoles el no pensar, en plan adolescente, que andar segando cabezas puede tener consecuencias. Yo de Tania Sánchez dejaba de ponerle alfileres al muñequito de vudú y me aliaba con Espinar que sabe mucho de pisos. Lo de este nos ha descolocado un poco, porque iba para líder pero resulta que cae tan mal como el secretario de organización.

Lo de Echenique tiene bemoles porque no se puede predicar y dar trigo. La mujer del César tiene que serlo y lo más importante, parecerlo. Pero eso de estar a la sombra organizando el cotarro no es tarea fácil, de ahí que el pobre caiga tan mal. Claro que si luego se descuelga con una jota de pésimo gusto y alude a la economía diaria de Errejón, pues es para salir corriendo. La maldad me la perdonan, es que está muy fácil eso de hacer chistes con la política de los afectos, los desafectos, los amores y los encontronazos. Al menos uno se ríe un poco, porque total, los problemas ya nos los resolverá Pedro no en tren extremeño, sino volando voy, volando vengo. Mientras la política sea un juego cainita y no un servicio a quienes sufrimos su inoperancia, está permitido reírse del vodevil. Y vaya que si me río.

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