PUIGDEMONT, DERROTADO

Puigdemont, presunto malversador y traidor, perjuro y aprendiz de dictador ha visto caer su sueño al confirmarse la escasa participación en la manifestación independentista y anticonstitucionalista que se ha celebrado con motivo del Día de la Comunidad Autónoma de Cataluña.

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Un millón de personas menos según sus datos, que la Delegación del Gobierno y los recuentos independientes de los diarios más prestigiosos de España calcula en millón y medio menos de gente, evidencian el fracaso del proyecto.

No nos dejemos deslumbrar por los fuegos artificiales, que son muchos y variados. Pero la estrategia es otra, y lo es desde hace tiempo. Saben que no son mayoría, saben que no pueden imponerse por la fuerza de los votos en democracia, saben que no habrá nunca ni referéndum ni independencia, por eso tanto floklore. Están esperando un error, un paso cambiado de quien por mandato de los españoles gobierna en España. Esperan que en un momento de debilidad se acceda a algo imposible, por eso tras la manifestación y la algarada viene la oferta, otra vez el plebiscito pactado, otra vez el camino a la nada, y esa es la batalla, la batalla de estos 18 días que quedan. Para eso,  leyes dictatoriales y presión callejera, día y noche, noche y día,  esperando el paso en falso o el momento de baja guardia, pero no va a pasar, no conocen a Rajoy, que cuando emprende un camino no lo abandona. Irán cayendo querellas e imputaciones, condenas e inhabilitaciones y se irá despejando el camino a unas elecciones que enterrarán el independentismo entre delincuentes sancionados por incumplir la Ley.

Mientras,  habría que preguntar todos los días a Puigdemont porqué mintió tres veces con respecto al aviso de la CIA sobre el atentado.  Y habría que preguntar también  quien falsificó la firma del Secretario del Parlamento. Son maestros en provocar una controversia para tapar sus vergüenzas, lo hicieron con la corrupción y ya están unos pocos entre rejas y otros huidos en Calabria. Con este asunto les pasa lo mismo, pero la seguridad de un Gobierno, el apoyo del PSOE y Ciudadanos y la memez de los colaboradores de paso, porque lo del podemita Pablo Iglesias no es que no tenga nombre, es que es la mayor estupidez cometida en política en todo el periodo de monarquía constitucional parlamentaria que vivimos. Si Cataluña es libre y soberana… ¿qué queda del resto de la España libre y soberana?

Y aclaremos que para eso está la Historia con sus hechos y decisiones. Naciones, naciones de verdad en las Españas, que no en la España actual de haber había tres, La Corona de Aragón, la Corona de Navarra y la Corona de Castilla y León. Fueron Reinos independientes con todos los atributos para ello en una época muy próxima a las naciones modernas, pero no llegaron a serlo nunca salvo en unión de todos ellos conformando otra cosa: España. Cataluña, mejor el Principado de Cataluña era solamente una región del Reino de Aragón que ni siquiera coincidía con el antiguo Condado de Barcelona que fue una entidad medieval de gobierno estamental, que por cierto propugnaba la unidad visigótica de las Españas y que reconoció al Rey de León como su soberano supremo. Lo demás es cuento, mala enseñanza y mentiras concatenadas que habrá que desmontar, ahora ya sin pudor y sin piedad, de ahora en adelante.

 

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