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Qué pasaría si los gobiernos accedieran a las demandas de Greta Thunberg.

Qué pasaría si los gobiernos accedieran a las demandas de Greta Thunberg.

Millones de personas de todo el mundo han salido a la calle en los últimos meses pidiendo un cambio urgente tomando como referente a la activista sueca de dieciséis años Greta Thunberg. Luchan para acabar con el cambio climático, para que las empresas no antepongan sus beneficios a la sostenibilidad, para que los gobiernos escuchen la voz de los más jóvenes y tomen medidas para frenar la contaminación.

Greta Thunberg en la COP25, de Madrid. Im: EP.

La COP25,  en la que Greta ha tomado especial protagonismo, ha puesto en evidencia el deseo de los jóvenes de que se cumpla la justicia climática de forma inmediata. Del dicho al hecho hay un gran trecho, por eso hemos querido imaginar qué pasaría si ahora mismo los gobiernos accedieran a las demandas de Greta Thunberg. ¿Por dónde deberían empezar? ¿Qué es realmente lo que habría que cambiar? ¿Cómo sería entonces ese futuro? Le hemos preguntado a varios expertos y esto es lo que nos han dicho.


Si bien es verdad que las teorías del colapso auguran un escenario devastador, la lucha contra el cambio climático está cuajando en nuestra sociedad. Algo está cambiando en nuestras cabezas y buscamos respuestas inmediatas. Según nos cuenta el sociólogo Ernest García, de la Universidad de Valencia, experto en sostenibilidad: “El problema es que la sociedad ha crecido demasiado en relación a la capacidad de sustentación y habría que tomar medidas para que no creciera y se hiciera más pequeña. Tarde o temprano esto ocurrirá, ya sea fomentado por la gente y los gobiernos o por el propio planeta, que se encargará de frenarlo de golpe”, nos cuenta Ernest.

Cualquier pequeño gesto puede ayudar a, al menos, conservar una temperatura y unas condiciones climáticas parecidas a las que tenemos actualmente y esto pasaría por respetar los acuerdos de París, en los que se establece el límite del calentamiento global muy por debajo de los 2º centígrados.

La reducción de las emisiones es el primer paso para reducir los riesgos del cambio climático. Así pues, cambiar las fuentes de energía, mejorar la eficiencia, incrementar el ahorro, poner impuestos a las fuentes más sucias, a los coches con motores de combustión interna o tasas por emisiones a las empresas es un buen recurso pero no sería suficiente.

Según nos cuenta Antonio Turiel, científico experto en combustibles fósiles, lo más importante es cambiar el modelo económico y productivo, lo cual implica cambiar el sistema financiero. “Mientras se mantenga un sistema económico que necesite del crecimiento perpetuo (lo que Greta Thunberg calificó de ‘cuento de hadas’), cualquier ahorro de energía se verá compensado por un nuevo consumo porque se ganará dinero consumiendo esa energía para un nuevo negocio”, explica Turiel.

Así pues, lo primero que deberían poner en marcha los gobiernos en clave ecológica sería implantar un modelo de economía estacionaria basada en satisfacer las necesidades y no en el consumo, que tenga en cuenta el impacto ambiental de modo que no lo incremente sin necesidad. Este tipo de economía consiste en poner el foco en la sostenibilidad de manera que se extraerían y consumirían los recursos renovables y no renovables a un ritmo no mayor del de regeneración y de manera que se pudiera asimilar de forma segura todos esos procesos.

Por tanto, un futuro que cumpliera con las demandas de Greta, implicaría un cambio radical de nuestro estilo de vida. Según nos cuenta Luis González Reyes, activista de Ecologistas en Acción, una de las medidas urgentes de actuación pasaría por romper con el proceso de globalización y apostar por economías locales.

Pero, ¿qué implicaría todo esto? ¿Cómo sería entonces ese futuro? Habitaríamos un mundo más limpio y no estaríamos destinados a la desaparición, pero esto implicaría una reducción del consumo material actual y a la reducción drástica del sector servicios, o sea todas las actividades económicas que no produjeran o transformaran algo, según nos cuenta Luis. Habría muchos trabajos que desaparecerían directamente.

Para poder sobrevivir, necesitaríamos que una gran parte de la población se trasladara al campo, abandonando las ciudades, y se pusiera a trabajar la tierra. El retorno al mundo rural es muy complicado, claro, pues es difícil que nueve mil millones de personas se muden al campo y no haya ningún tipo de conflicto relacionado con ello. Según nos cuenta el sociólogo Ernest García, “también se corre el riesgo de limitar demasiado la sociedad y que se creen comunidades aisladas, con lo que la civilización y las estructuras podrían sufrir”.

Pero todo esto sería una situación temporal (de duración difícil de determinar), un periodo de ajuste tras el cual el mundo alcanzaría un nuevo equilibro de población y el impacto ambiental se reduciría mucho con el tiempo de forma natural, dándonos mejores opciones de las que tenemos ahora.

Si además tenemos en cuenta el progreso tecnológico que cabe esperar en los próximos años en campos como la limpieza del aire, del agua de los mares (ya estamos viendo muchos prototipos y ejemplos de avances en este sentido), etc., se podrían revertir algunos de los graves problemas relacionados con la contaminación que estamos afrontando ahora mismo.

A pesar de todos estos cambios el activista Luis González Reyes asegura que a fecha de hoy aún podríamos llegar a evitar la activación unos bucles de realimentación positiva que nos lleven a otro equilibrio climático, notablemente más cálido, que sería muy perjudicial para todos. Así pues con todas las medidas que se están planteando ahora mismo, es posible conseguir que la cosa no vaya aún mucho a peor.

Lo positivo es que en estos días todo el mundo parece ser ya consciente de la necesidad de un cambio y millones de personas están dispuestas a hacer lo que sea necesario para lograr que este otro futuro exista, por mucho que a corto plazo se pueda percibir como algo imposible. La posibilidad existe cuando la creas, cuando hay ganas de cambiar las cosas y pones empeño en ello. La lucha empieza por remover las mentes y acaba en concretar acciones. Hacer un mundo más sostenible está en manos de los gobiernos, pero también en las nuestras.

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