Probablemente ella no se pueda permitir el lujo de defenderse, es más débil, más frágil y no sabe cuáles serán las consecuencias de denunciar a quien convierte su vida en un infierno. Ese que han callado muchas antes que ella. Y que seguirán callando, porque aquí nadie acusa, nadie sale de la espiral que nos encierra.

Probablemente haya visto y haya oído que lo que le pasa a ella empieza a ser no lo normal, sino lo extraño, lo silenciado, sin embargo, continúa la mordaza, las manos siguen atadas, todo se sigue conjurando para que en la casa y en el trabajo todo sea desprecio y falta ¡Si hasta el niño, tan pequeño, le grita y le acusa de todo lo que no puede darle! No se defiende quien quiere, sino quien puede.

Desde la orilla de la independencia, de la concienciación, de la facilidad, las demás miramos hacia otro lado. Lo que nosotras tenemos ganado a ella no le llega, ni media migaja de nuestro plato. O pensamos que no lo tiene porque no lo quiere, porque no lo pelea, entonces la obviamos, sin pensar que dormir con el enemigo te hace una eterna prisionera. Esa que nunca cortará las cadenas, ni las suyas ni las que están por llegar. No se defiende quien quiere, sino quien puede.

Y ella no puede, por eso ni siquiera en sordina le llegan los ecos de los movimientos que, con nombres extraños arropan a las mujeres que acusan al baboso, al abusador, al innombrable que tiene todos los rostros. Todos los rostros que nosotras no miramos, no vemos, no tenemos… pero que ella conoce muy bien porque en ellos sorprende la mirada libidinosa de quien aprovecha cualquier gesto, por inocente que sea, para atisbar carne cansada. Maldito viejo verde, qué mirará. A ella, no a nosotras que siempre vamos con tanta prisa que no nos damos cuenta de los recodos donde se agazapa lo que ya creemos extinto. Sí, el vestigio de una conducta que ya no sufrimos. Nosotras, las otras. Sin embargo ella enseñará a sus hijas a callar cuando es preciso y a correr cuando no te quede más remedio. Enseñará a callar y a aceptar con los dientes apretados. Enseñará a aguantar… o no. Y esa es la esperanza. Que no. Y entonces ya se defenderá porque quiere, porque puede, porque puede.

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