REVISEMOS EL SISTEMA EDUCATIVO

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Ya que estamos en tiempos revisionistas, me pongo a la cola, en este caso con la educación en muchas de sus formas y momentos. No soy nada original, lo sé.

De un tiempo a esta parte vengo notando una inseguridad extrema en las reacciones de ciertos colectivos, propia (supongo) de la inseguridad del tiempo en que vivimos, donde una atmósfera “liquida” ha sustituido al esquema de seguridades que antes teníamos cuando las cosas eran de otro modo y el pasado, presente y futuro eran bastante previsibles.

Uno de los problemas graves que tiene el tiempo presente es el de la falta de trabajo, sobre todo para nuestros jóvenes, a pesar de estar éstos (aparentemente) muy preparados. Las familias y el Estado han invertido en educación, en la esperanza de que con ello sus hijos tendrían resuelto el porvenir, para contemplar a la postre  que no siempre se cumple la ecuación proyectada.

Estoy bastante de acuerdo con quienes dicen que la enseñanza no es un fin en sí misma, sino que debe realizarse sólo después de un buen diagnóstico sobre las cuestiones que debe resolver y un buen plan de aprendizaje para unos hipotéticos resolutores de las mismas.

Un sistema educativo que se precie debe preguntarse continuamente sobre su idoneidad en el terreno, si no debieran cambiarse las pruebas de acceso a la Universidad, los exámenes para la entrada en la función pública de sus trabajadores, e incluso los planes de estudio de algunas carreras, como por ejemplo las de formación inicial del profesorado de los primeros niveles, o la puesta en marcha de algún tipo de Grado para los posibles docentes de Secundaria, habida cuenta de que el Master existente no parece complacer a casi nadie.

Es demasiado simplista creer que será el propio profesorado quien busque, de manera general y continúa, una formación permanente autónoma que lo mantenga perfectamente actualizado en conocimientos, técnicas y destrezas todos los días de su vida profesional. De ahí que, si de verdad se apuesta por este tipo de formación, no debieran abandonarse unos criterios claros en relación a estos aspectos, regulados y no voluntaristas, por parte de la Administración. La llamada crisis económica ha producido grandes recortes en este punto. Ella y la ausencia de una verdadera carrera profesional, alejada de oportunismos y burocracias.

Existen muy buenas experiencias a nivel internacional, dignas de ser estudiadas para ver si pueden aplicarse en nuestros entornos cercanos. Más que copiar sistemas educativos de otros países avanzados es preferible, a mi entender, conocer las buenas prácticas que en esta materia puedan existir en el mundo y llevarlas a efecto aquí, si se adaptan a nuestras condiciones y necesidades. Por otra parte, no hay que olvidar que cualquier proceso necesita una revisión o evaluación constante para descubrir sus debilidades y poder atajarlas antes de que se conviertan en crónicas. El sistema, los estudiantes y profesores lo agradecerían.

Pienso en todo ello, mientras escucho la radio continuamente hablando de comisiones políticas, rifirrafes pendencieros, dudas y desconfianzas en todos los ámbitos. Tal pareciera el territorio nacional un gran patio de vecinos. Carmen Heras

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