ROSENDO MONTERO

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Dice usted que si me acuerdo de Rosendo. Pues claro. Los que sabrán muy poco, o nada, de él son los jóvenes. Hace demasiado tiempo que murió. Lo conocí toda la vida viudo y padre de Pepa y de Cherry; por cierto Cherry (Mercedes), que vivía en Las Palmas también se fue de este mundo y no pudimos despedirnos de ella. Pepa sigue por Barcelona y viene a Acehúche alguna vez que otra. Rosendo.

Rosendo andaba mucho por casa de mis antepasados y trabajaba ocasionalmente en lo que se terciara. Recuerdo especialmente un viaje que hice con él a Garrovillas. Fue la única vez que pasé el Tajo en la barca, ahí en el vado de San Cristóbal. Fuimos los dos en un caballo, no sé de quién y entonces el barquero era Ramón. Pasamos y subimos el ribero, entramos en Garrovillas al lado del cenobio de San Antonio, que hoy, por fin, están recuperando, según me cuentan mis amigos  y parientes garrovillanos.

Rosendo era un hombre sencillo, humilde y bueno. Tal vez empinara algo más de la cuenta; pero nunca fue motivo ni ocasión de broncas, escándalos ni cosa parecida. Vivía en una casita de la calle de San Juan, donde él solito se ocupaba de su aseo y de su manutención. Poquita cosa, claro; pero tampoco necesitaba nada del otro mundo. Se acercaba a las tertulias en casa de Rafael o en el casino, o en el Bar y de vez en cuando soltaba alguna gracia de las suyas y nos hacía reír.

Me contó mi tío Felipe que una noche, en una trinchera en pleno desarrollo de la famosa batalla del Ebro, él, que era alférez de regulares  estaba en un refugio a lo que fuese y oyó voces fuera: “¡Quitate de ahí moro de m…!, ¿A que te pego una h…?.¿Dónde está el alférez Muñoz?”. Salió y era Rosendo, que también andaba por allí pegando tiros. Fervoroso abrazo de dos paisanos en aquella vorágine de tiros y de muertos. Pues los dos sobrevivieron y regresaron al pueblo después de la contienda.

Hace muchos años ya, una noche, estaba sentado en su casita en la camilla, inclinó la cabeza sobre el brazo y así se quedo para siempre. Sentíamos cordial afecto por aquel hombrito buena persona. Y por Pepa, que ojalá nos lea desde Barcelona. Y por nuestra amiga Cherry, que se fue a la eternidad desde sus Islas Canarias. Recuerdos cordiales del ayer.

 

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