Rubén Díaz: QUIERO QUE SI ALGÚN DÍA ME VOY DEL PAÍS ME AYUDEN COMO NOSOTROS LO HACEMOS AQUÍ

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Más de 13.500 personas de toda la región trabajan como voluntarios de Cruz Roja en Extremadura. 120 de ellos lo hacen estos días en el Centro de Acogida, Emergencia y Derivación (CAED) gestionado por Cruz Roja en Extremadura en el Albergue Municipal Juvenil “El Prado” de Mérida, con el apoyo de la Junta de Extremadura, la Delegación del Gobierno y el Ayuntamiento de Mérida.

La directora de Voluntariado y Desarrollo Local de Cruz Roja en Extremadura, Montaña Durán, destaca que estos días están siendo “intensos y difíciles”, pero precisamente los voluntarios de la Institución están formados y preparados para abordar este tipo de situaciones.

De los más de 13.500 voluntarios de Cruz Roja en Extremadura el 20 por ciento realizan actividades de forma continuada a través de 30 asambleas locales en las que, además, trabajan 290 empleados del ámbito socio-sanitario.

“Algo que caracteriza a los voluntarios es la empatía, estamos ante personas en una situación de vulnerabilidad extrema”, apunta Durán, quien subraya la formación en ámbitos como el fenómeno migratorio que todos reciben.

EMPATÍA

 Éste es el caso de Rubén Díaz, voluntario de la Institución para quien el trabajo en el CAED de Mérida es su primera experiencia. “Es una satisfacción ayudarles, sobre todo ahora que mucha gente no quiere mirarlos porque existe mucha polémica y los bulos son muy grandes”, indica Díaz.

La directora de Voluntariado y Desarrollo Local de Cruz Roja en Extremadura, Montaña Durán, explica que todos los voluntarios son conocedores del contexto en el que llegan las personas migrantes, pues de lo que se trata es de darles cariño, cuidarles y ponerse en su lugar para comprender lo dura y extrema que es su situación.

“Yo lo único que quiero es que si yo me fuese del país algún día alguien me ayudase como nosotros ayudamos”, afirma Rubén Díaz, un sentimiento que comparte su compañera, también voluntaria, Ruth Corrales.

Pese a la dureza del momento, la satisfacción por contribuir a ayudar a quienes más lo necesitan también es compartida. “Me siento útil y contenta”, relata Corrales, quien reconoce que está recibiendo críticas por parte de quienes no comparten su manera de pensar.

“Lo más importante es la empatía, que se pongan en el lugar del otro, entender lo extremo y lo duro que ha sido para ellos dejar a sus familias y sus países para empezar una nueva vida”, reitera Montaña Durán.

La Directora de Voluntariado de Cruz Roja, incide en que esta empatía es fundamental para el desarrollo de actividades como las clases de español que reciben los albergados gracias a un grupo de voluntarios. “Es una herramienta para mejorar su aprendizaje y facilitar su inmersión lingüística de forma muy básica. Aprenden desde cómo saludarse, comunicarse con el personal del centro, o cómo informarse sobre los horarios y destinos en su viaje.” Señala Durán.

La participación es voluntaria, pero la totalidad de las personas que llegan, asisten diariamente a clase durante los días de estancia en el CAED.

UN GRAN FAVOR

Marina Sancho fue una persona “excluida socialmente y sin recursos económicos”, ahora trabaja como voluntaria en el CAED de Mérida, donde ayuda para que los ciudadanos que acoge este Centro puedan continuar su camino.  “En un momento dado de mi vida yo también necesite ayuda y Cruz Roja me la facilitó. Ésta es mi manera de devolver el gran favor que me hicieron”, apunta esta madrileña afincada en Cáceres.

Como a ella en su día, Cruz Roja en Extremadura atiende cada año a 120.000 personas a través de diversos programas y proyectos cuya última finalidad es garantizar una vida digna.


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