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Una Dulcinea a la medida de Paloma San Basilio

El Gran Teatro de Cáceres se rinde a una artista que convierte el mito en emoción, ironía y verdad.

Paco de Borja. Cultura DEx, Cáceres, 13 de junio de 2026.

Hay intérpretes que representan personajes. Y hay intérpretes que parecen haber estado esperando toda una vida para encontrarse con ellos.

paloma 4Eso ocurrió en el Gran Teatro de Cáceres, dentro del Festival de Teatro Clásico, donde Paloma San Basilio presentó una Dulcinea escrita a su medida por Juan Carlos Rubio, autor que conoce como pocos las costuras emocionales de la actriz vallisoletana y que le ha regalado un texto concebido para que despliegue todas sus armas: la voz, la presencia, la inteligencia escénica y esa elegancia natural que nunca necesita pedir permiso para entrar en una sala.

Durante más de hora y media, Paloma San Basilio sostuvo el escenario con una autoridad interpretativa admirable, demostrando que la palabra, cuando está respaldada por el talento, puede resultar tan poderosa como la más compleja de las escenografías. La propuesta huye de los excesos para abrazar la esencia del teatro: una actriz, una historia y un público dispuesto a dejarse llevar.

Rubio construye una Dulcinea contemporánea que avanza entre las ruinas de los sueños y las certezas de la experiencia. Una mujer que se observa a sí misma desde la distancia, que cuestiona los relatos heredados y que juega con la realidad y la ficción hasta hacerlas indistinguibles.

Paloma entra en escena con la serenidad de quien ya no necesita demostrar nada. Y precisamente por eso lo demuestra todo.

Su Dulcinea no es una musa pasiva ni una figura romántica congelada en las páginas del Quijote. Es una mujer que piensa, ironiza, recuerda, duda y se rebela. Una mujer que se ríe de sí misma antes de permitir que lo hagan los demás.

Una voz que sigue contando historias

paloma 2La actriz maneja el texto con una precisión admirable. Cada pausa tiene sentido. Cada silencio tiene peso. Cada inflexión parece colocada exactamente donde debe estar. La voz que durante décadas llenó teatros y auditorios musicales aparece ahora al servicio del matiz dramático. Habla, declama, canta.  Hay musicalidad en cada frase. Hay ritmo interno. Hay respiración poética.

A su lado, el maestro Julio Awad se convierte en mucho más que un acompañante musical. Su piano dialoga con el personaje, respira con cada pausa y subraya los matices emocionales del texto sin imponerse jamás a él. Awad construye atmósferas, ilumina silencios y aporta una profundidad sonora que termina convirtiéndose en un personaje invisible de la función.

La conexión entre Paloma San Basilio y Julio Awad resulta evidente desde los primeros compases. Hay una escucha mutua, una complicidad escénica forjada durante años, que permite que palabra y música avancen de la mano, enriqueciendo una propuesta donde nada parece dejado al azar.

La iluminación, inteligente y precisa, multiplica los espacios emocionales de la protagonista. Con pocos elementos consigue trasladar al espectador desde la nostalgia hasta la carcajada, desde la fantasía hasta el desencanto.

Porque esta Dulcinea vive precisamente ahí: en la frontera entre lo que soñamos ser y aquello que realmente somos.

Una mujer del siglo XXI disfrazada de clásico

paloma 3La grandeza de la propuesta reside en que nunca pretende modernizar el mito a martillazos. Simplemente lo deja hablar. Y entonces descubrimos que Dulcinea sigue viva. Que sigue caminando entre nosotros. Que continúa enfrentándose a las mismas contradicciones.

La impostura social. Las expectativas ajenas. La necesidad de gustar. El miedo al paso del tiempo. La eterna distancia entre la persona que somos y la que imaginamos ser.

Por momentos, el texto adquiere resonancias que recuerdan a Clarice Lispector. No por la forma, sino por la mirada interior. Por esa manera de convertir las dudas en materia dramática. Por esa exploración de las grietas invisibles donde habita la identidad.

Y también aparece algo profundamente galeaniano: la reivindicación de los pequeños héroes cotidianos, de quienes sobreviven a la realidad sin renunciar a la imaginación.

Paloma transita esos territorios con absoluta naturalidad. Nunca sobreactúa. Nunca fuerza. Nunca busca la ovación.Y precisamente por eso la consigue.

Un aplauso que sonó a reconocimiento

El público que llenó el Gran Teatro respondió con una ovación cálida y prolongada. No era únicamente el aplauso a una función. Era también el reconocimiento a una trayectoria. A una artista capaz de reinventarse una y otra vez. Cantante. Actriz. Escritora. Comunicadora. Y ahora, una Dulcinea que parece escrita sobre la piel de sus propias experiencias. Porque el personaje termina pareciéndose mucho a quien lo interpreta. Y quizá ahí resida el mayor acierto de Juan Carlos Rubio. No escribir una Dulcinea para Paloma. Sino descubrir que Paloma llevaba años siendo Dulcinea.

paloma 1La función habla de una mujer, sí. Pero también habla de una sociedad que vive acelerada, pendiente de la apariencia, de la aprobación inmediata y de los espejismos digitales. Frente a ello, Dulcinea levanta una bandera de autenticidad que no necesita proclamas ni manifiestos. Le basta una mirada. Una frase.Un silencio. Y un piano acompañando la verdad.

Al salir del Gran Teatro, Cáceres seguía siendo la misma ciudad de piedra dorada y noches lentas. Las terrazas continuaban llenas. Las calles de la Ciudad Monumental seguían respirando siglos de historia. El Festival de Teatro Clásico continuaba su curso. Pero durante hora y media, una actriz logró detener el reloj. Y eso, en una época empeñada en correr sin saber muy bien hacia dónde, tiene algo de milagro.

Paloma San Basilio no interpretó a Dulcinea. La habitó. La vistió de ironía, de inteligencia, de memoria y de futuro. Y el público, entregado desde el primer minuto, tuvo el privilegio de acompañarla en ese viaje. Porque hay noches de teatro que se disfrutan. Y hay otras que, sencillamente, se recuerdan. La de esta Dulcinea pertenece a las segundas.