VENGA A EXTREMADURA EN TREN, DON MARIANO

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Parece ser que la visita a esta industria puntera en elaboración de cava la ha realizado con el fin de enviar el mensaje de que no se boicotee la adquisición de productos catalanes en el resto de España.  Yo, que soy en principio contrario al boicot, le haría una pregunta a Don Mariano ¿por qué cree Vd. que muchos españoles boicotean la compra de bienes y servicios de origen catalán?

Entiendo que debe conocer las razones pues para eso es el presidente. Seguro que le suena lo de que España nos roba, o tal vez lo de que lo andaluces y extremeños viven de la sopa boba y somos unos vagos o quizá aquello de que Cataluña es Dinamarca y el resto de España es el Magreb tal y como aseguró el charnego alcalde socialista de Blanes sin que se le desmintiera. Del golpe de estado y de irse de España, ni hablamos.

Permítame que le diga que no ha estado Vd. muy fino en la elección de la visita. Precisamente una industria catalana del cava no es el sitio más idóneo cuando su Ministerio de Agricultura, tiene pendiente adoptar una decisión para impedir ¿o no? la ampliación de las superficies de viñedo de cava hasta el año 2020. La congelación de superficies la ha solicitado el Consejo Regulador de la Denominación Cava, de mayoría catalana, que defiende los intereses de esta región en contra de los de Extremadura en donde el sector del cava va como un tiro y necesita ampliar las hectáreas.

Da la impresión de que con esta visita Vd. apoya los intereses catalanes del cava en contra de los de otras regiones como la extremeña. Podía Vd. haber visitado una fábrica textil, de conservas o automovilística. Pero soy consciente de que estamos en Navidad y hay que promocionar el cava. El de Cataluña, claro.

Así que para compensar y ya que Vd. es hombre equitativo, no le va a quedar más remedio que darse una vuelta por Extremadura para animar a mi amigo Marcelino Díaz y a los otros empresarios del cava que están muy preocupados sobre la decisión que pueda adoptar su ministerio.

Si viene a Extremadura yo le sugiero que lo haga en tren. Abandone por una vez su coche oficial, el helicóptero o el avión y tome el tren. Vivirá una experiencia muy divertida.

Le voy a adelantar alguna de las peripecias que puede vivir si decide venir a mi tierra por vía férrea.

La primera es que el tren llegue en hora y sin incidencia alguna. La probabilidad de que esta circunstancia se produzca tiende a cero. No digo que el suceso sea imposible. Pero es prácticamente nula la probabilidad de que tenga lugar tan gozoso acontecimiento.

A partir de ahí lo menos malo que le puede ocurrir es que el tren llegue con retraso. Esta situación es la que suelen sufrir los usuarios en sus desplazamientos por vía férrea desde o hacia Extremadura. De las diez últimas veces que he utilizado el tren de Cáceres a Madrid de ida o de vuelta, en todas menos en una he llegado con retraso. Entre 15 minutos y media hora.

Y después le puede pasar de todo. Le detallo algunos posibles escenarios. El primero es que el convoy, que como Vd. se imaginará es de desecho de otras líneas de regiones más privilegiadas, se averíe y se quede Vd. tirado en la estación de Talavera de la Reina, unas dos horas. Si se da este caso, tendrá alguna ventaja adicional: puede comprar en la pujante ciudad toledana una buena cerámica de la que se fabrica allí. Algo es algo.

También le puede ocurrir que la avería tenga lugar en pleno campo a un par de kilómetros de la estación más próxima. Los pasajeros se verán obligados a coger sus bártulos y recorrer a pie la distancia en busca de su salvación y tal vez de un autobús que les deje en Extremadura o en Madrid. Si esto sucede en verano, como ya ha ocurrido, ni le cuento lo que sudan los pasajeros caminando por los rastrojos con su equipaje a cuestas.

Además se dan otras minucias en el trayecto. Por ejemplo puertas que no abren por estar averiadas. Imagínese si hay un accidente. Los indicadores de las estaciones ubicados en los vagones no funcionan adecuadamente y cuando el tren se encuentra en Monfragüe el panel marca que estás en Montijo. Así que lo guiris que nos visitan se encuentran perdidos y obnubilados.

No le aburro más contándole otras diversas peripecias que suelen ocurrir en estos viajes férreos, como las entradas a Plasencia o atropellamientos varios.

Para que pueda comprobar en persona todo lo relatado, le ruego encarecidamente que venga en tren a Extremadura. Estoy seguro de que además de promocionar nuestro cava, como ha hecho en Cataluña, a la vista del indecoroso servicio ferroviario que padecemos, dispondrá lo necesario para que los extremeños disfrutemos de un tren del siglo XXI y no del siglo XIX en el menor tiempo posible. Su gobierno y también los anteriores de uno y otro signo político llevan años tomando el pelo a una región  que se caracteriza por su lealtad y resignación cristiana.

Los extremeños, como Vd. y Montoro bien saben, pagamos los mismos impuestos que el resto de España y deberíamos tener servicios similares.

Venga en tren, Don Mariano. Seguro que al terminar su viaje tomará las medidas precisas para que en Extremadura podamos disponer de una vez por todas de un ferrocarril decente.


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