Amancio Ortega

En una reciente conferencia pronunciada por Fernández Vara, el presidente de Extremadura ha argumentado que la sanidad pública no puede depender del número de pantalones o de faldas que venda Zara, la empresa textil propiedad de Amancio Ortega,  empresario que atesora una de las fortunas más grandes del mundo.

 

Lleva a cabo esta reflexión en relación con una donación de 320 Millones de Euros que la Fundación Amancio Ortega ha hecho a la sanidad pública española y que irá destinada a la adquisición de equipos de alta tecnología para el tratamiento del cáncer.

 

Estoy absolutamente de acuerdo con el presidente Vara en que la sanidad ha de estar garantizada por el Estado y no debería ser necesaria esa donación que ha llevado a cabo Amancio Ortega. Pero admitido ese principio, en mi opinión debemos aceptar y agradecer al magnate gallego su donativo, por las razones que expondré más adelante.

 

Hay que ir más allá de donde lo hace Fernández Vara. La sanidad además de estar garantizada por los presupuestos estatales y autonómicos generados con nuestros impuestos, debería proporcionar servicios similares a los pacientes en todo el territorio nacional. Y esta premisa no se cumple en nuestro país. No voy a poner ejemplos pues la situación de diferencias en la sanidad entre comunidades autónomas es patente.

 

En conclusión la sanidad pública debería ser una prestación prioritaria en los presupuestos e igualitaria en toda España. Pero este enunciado en la actualidad no deja de ser más que es una elucubración teórica, que no coincide con lo que realmente sucede.

 

La realidad es muy otra. La crisis, la falta de ingresos, la deficiente distribución de las partidas en los presupuestos, la apuesta en algunos casos por la sanidad privada y otras circunstancias que sería prolijo relatar aquí, han dado lugar a una serie de recortes en medios técnicos y personal en la sanidad pública que hace que la calidad de la asistencia esté descendiendo a ojos vista, pese a la buena voluntad y a la indudable profesionalidad de nuestros sanitarios.

 

Si por las razones que fueren la sanidad pública española no dispone de aparatos de vanguardia para el tratamiento del cáncer en cantidad y calidad suficientes y estos pueden ser adquiridos con los fondos aportados por Amancio Ortega, a mi me parece lógico aceptar los mismos y agradecer al donante su altruismo.

 

Este ciudadano podría destinar estos fondos a otros menesteres puesto que no tiene obligación alguna de entregarlos a la mejora de la sanidad pública. Y la cantidad de 320 Millones de euros va a permitir dotar a un buen número de hospitales de aparatos de última generación que servirán para diagnosticar distintos tipos de cáncer en sus primeros estadios, tratarlos y salvar una apreciable cantidad de vidas humanas reduciendo además sufrimientos a los enfermos.

 

Diversas asociaciones relacionadas con la sanidad y otras que nada tienen que ver con ella, no ven aceptable este donativo. Unas porque se creen el ombligo de la sanidad española y piensan que su opinión va a misa y es dogma de fe. Las otras porque confundiendo el culo con las témporas, cosa muy común en nuestro país, argumentan sobre las condiciones de trabajo que, según ellos, mantiene el empresario gallego en sus factorías ubicadas fuera de España. Por supuesto que en sus instalaciones, fábricas y puntos de venta españoles cumple nuestra normativa. Y proporciona un buen número de puestos de trabajo. En nuestro país y fuera de aquí. Es una firma que está globalizada en consonancia con los nuevos tiempos. Y la deslocalización de la producción no es exclusiva de Zara, sino de toda empresa de cierta importancia que trabaje a nivel mundial.

 

También se ha insinuado malévolamente que esta donación le sirve a la empresa textil y a su dueño para pagar menos impuestos. Pudiera ser cierto pero en todo caso se acoge a esta posibilidad porque la legislación fiscal se lo permite. Como a muchos otras personas físicas y jurídicas que utilizan legalmente la vía del mecenazgo o de este tipo de donaciones para reducir impuestos.

 

Si se quiere evitar en el futuro esta posibilidad la solución es muy simple. En la próxima revisión de la normativa fiscal que se introduzcan las oportunas modificaciones de modo que se impidan estas donaciones y que se exijan la totalidad de los impuestos. Pero con la legislación actual no se debería criticar esta importante aportación de Amancio Ortega.

 

Y de paso sería muy conveniente reflexionar sobre cuál de estas dos situaciones le conviene más a la sanidad pública. La primera es que se vea favorecida por estas donaciones directas. La alternativa sería que el mecenas pagase una cantidad mayor en impuestos pero estos no se aplicaran a resolver los graves problemas que la sanidad tiene.

 

En consecuencia y dada la situación real existente es muy de agradecer la aportación que la Fundación Amancio Ortega hace a la sanidad pública española. Ojalá hubiera muchos donantes como él. Por la parte que me que toca – al parecer Extremadura se verá beneficiada con casi 13 Millones de euros – voto por la aceptación de este dádiva del empresario gallego con la esperanza de no tener que ser usuario de los aparatos donados.

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