LUCES DE ENERO

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Debe ser que no soy capaz de ver las cosas ni bien ni enteras, y así me tengo otro año más –queridos lectores- sin llegar a llenarme ni de orgullo ni de satisfacción. Creo que de esas dignidades o sensaciones apenas tengo poco más de cuarto y mitad, para que el resto de la botella se complete de incomprensión y escarmiento. Ya saben ustedes que las botellas incompletas tienen obsolescencia programada.

 

Es verdad que el año parece acabarse con alguna luz radiante, quizá encendida por ese joven -quizá no tan joven- que ha rechazado un iPod que le correspondía como premio a su trabajo relacionado con el medioambiente y en el que denunciaba los métodos y procesos de la Tecnología hacia la validación de la obsolescencia programada. De él, sólo se nos ha dado conocer que es el concursante número 261; y de la Fundación Antena 3 -la entidad organizadora del concurso- que no ha hecho la menor referencia a que un joven rechazara un premio por puras razones éticas. Cosa que a la vez, ha servido para aclararnos la Ética de la organización.

 

Este luminoso personaje de quince añitos, dice que ya está asqueado de pertenecer a una sociedad donde te obligan a competir por tener lo mejor y lo último, que estamos llenando el planeta de residuos, que no es verdad que “más es mejor” y que eso de la competitividad no es otra cosa que el pan diario con el que se engorda a la infancia: “nos educáis desde pequeños para competir”. Cuando pueda leer estas cosas el señor Wert, supongo que rebosará de lucidez a la vez que crecerá otro poquito en su bravura.

 

Claro que otra lectura del episodio puede ser arrimada al ascua de los recortes: por ejemplo, no podría resultarnos extraño que, con el pensar cambiado, se argumentase que este chico no ha hecho otra cosa que ejercitar la austeridad de manera ejemplar, corrigiendo el déficit social imperante y denunciando la heredad envenenada, … que en eso consiste la libertad, en pensar lo que uno quiera y en decir libremente los antojos que se vienen a las antojeras.

 

Así que no acaba el asunto de valerme ni para tirios ni para troyanos, ni para propósito de la Alta Política, porque me genera la duda de si estas cosas las aprenden los estudiantes quinceañeros porque hay buenos profesionales de la enseñanza o porque hay pésimos ministros de Educación.

 

Goyo


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