LA ESTACIÓN

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Carol salía de  la clínica San Telmo con energías renovadas.
Allá quedaron sus más íntimos secretos, guardados en un archivo donde solo era
un número de paciente, un número más de la doctora Montero, la psiquiatra
que  corregiría todo lo que  hundía a Carol, la presión de una pareja
autoritaria, sus desencantos y frustraciones iban a ser sustituidas por  un gran número de  sesiones con el psicólogo y con medicamentos
que no le harían pensar en su difícil carácter ,en su imaginaria situación de
tristeza y sobre todo la ayudarían a ser 
una mujer sin complejos,  una
persona  “normal” no soñaría  con viajes, 
ni amores  imposibles, ni pensaría
en el injusto mundo que le había tocado vivir.


 Le atraían las estaciones y el ferrocarril,  pintaba 
con soltura el ambiente viajero que se desarrollaba en ellas, a veces
viajaba a cualquier lugar cercano admirando el paisaje  y observando a las personas que convertiría
en personajes, sobre un lienzo blanco, siempre deseaba que sus viajes no
terminaran nunca, sin embargo  la cordura
siempre le ganaba y  terminaba su viaje en
la estación correspondiente y  más
cercana a su domicilio. Pensó que sin todo eso no sería ella, no sería Carol


Se dirigió a la estación una vez más,
quería sentir el ruido de los trenes y las afectuosas despedidas de los viajeros,
quería plasmar por última vez todo ese mundo en su bloc de apuntes, luego le
daría vida sobre un lienzo, hecho esto comenzaría su vida de mujer normal, como
sus vecinas,´ como Elena que le aconsejaba que no tenia edad para soñar, que
viviera como ella, que fuera  de tiendas,
al bingo de la asociación  y  a las chocolatadas de la parroquia y  cada quince días días un revolcón fingido con
su marido.


Declinaba  la tarde y empieza a esconderse el sol, el
cielo está lleno de colores rojizos, es un atardecer maravilloso y apacible que
Carol contempla con el mismo embeleso de siempre.


En el andén se vislumbran los
destellos metálicos, de los desgastados raíles, que al trasluz de los pocos
rayos de sol resplandecen. La mujer contempla absorta el paisaje entre natural
y abstracto. Un tren pasa cargado de coraje e ilusiones y su figura se pierde.


Ella 
ha desaparecido en aquel atardecer de postal o de cuento. La vi cruzar
la vía de raíles plateados.


Nunca más supe de ella…. 



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