ESTA EXPOSICIÓN “TIENE TELA”, por Carmelo Arribas

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“Sorbos y sueños del Paraíso”, es el título de la exposición de pintura que alberga el Patio noble del Parlamento de Extremadura y que se inauguró el día 4 a las 11,30. Pilar Molinos, su autora, tiene una larga trayectoria que le ha hecho cosechar, en el camino, algunos prestigiosos premios.

Su quehacer, de entrada, rompe esquemas. Tan es así, que nos descoloca a los que habitualmente hacemos comentarios a las exposiciones, y que con frecuencia tenemos fácil el camino, porque adscribimos a este o a aquel pintor en un estilo o corriente determinada, con lo que lo tenemos más fácil ya que todo suele girar alrededor de su semejanza  con una tendencia. El problema con  Pilar es que no se sabe, en qué cajón colocarla, porque todavía no se ha hecho cajón alguno  para su forma de hacer. No  pretende nada, sólo   “emana”, crea, aparentemente sin un fin determinado, pero eso sí sus “sorbos y sueños”, pretenden hacer degustar  al espectador esa esencia sutil de lo inmaterial y  placentero,  al que  le hemos dado en llamar los humanos, “el Paraíso”.

 

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Empieza uno descubriendo, que hace todo  lo contrario de lo que evitan todos los pintores, juega con el blanco.  No le invade  ese “horror vacui”, ese horror al espacio vacío, eso,  que según afirmaban los filósofos no debía existir y que los pintores intentan en sus lienzos, evitar, cubriendo la totalidad  de su superficie porque  “la naturaleza  tiene horror al vacío y por tanto éste no puede existir.” Sin embargo Pilar Molinos lo hace cómplice de su obra, produciéndose ese contrasentido, de que llena,  su quehacer,  con blancos.

 

Pero ya que nos hemos metido en la pedantería de citar a los filósofos, nada mejor define su obra que la visión que el gran filósofo Javier Zubiri,  tenía de la realidad,  cuya “aprehensión se realiza por  una inteligencia sentiente (es decir, que une lo intelectivo con lo sensorial).”.

 

Y aquí podríamos acabar el comentario,  y que cada espectador de su obra, aplicara su propia inteligencia sentiente, uniendo sus sentimientos a lo puro sensorial de la obra.

 

Pero su obra engaña, a los ojos  del visitante con prisa, se trata de un trabajo en que las telas se distribuyen por la superficie, debidamente recortadas, sin un fin determinado, aparentemente sólo estético, y los collages coloristas, van aportando una visión como de pájaros cubistas, que estrellan su existir contra una superficie, de un blanco níveo.

 

[Img #36623]Siguiendo con los filósofos, como Aristóteles, ( esto de las citas pomposas, no es habitual en mí, algo se me ha contagiado de la exposición, pero es que hay mucho de filosófíco en ella) “el ser se dice de muchas maneras”, y es que la visión personal de una misma cosa varía según las propias experiencias.

 

Así por ejemplo los varios cuadros englobados bajo un mismo título “siembra campos de sal con arados y bueyes” trae a la mente los contrasentidos, de una siembra , cuyo móvil es la generación de vida, con la de la siembra de sal que sólo conlleva esterilidad de la tierra. Pero este aparente contrasentido viene explicado en los otros significados casi bíblicos, como “el ser la sal de la tierra”, y otros como “ elemento que se requiere para reforzar un proceso o una actividad, cognitiva, vital o social.”. Pilar pretende esa segunda acepción, estimulando con sus hilos, que parecen a veces unas vías de tren con unas curvas que nos enseñan, que la vida nunca tiene una trayectoria recta, e incluso algunas variantes que no van  a ninguna parte, o los árboles, símbolos de vida, de cuyos troncos surgen toda clase de elementos, o hilillos que son como esa trayectoria en la mayoría de los tramos casi invisible a los demás, que constituye nuestra propia existencia. Hay una poética, en cada uno de sus cuadros que aparentemente no tiene nada que ver con lo que nuestros ojos aprecian ; “Cuando el mar sea mío, te lo regalo”, algo que parece un diálogo de enamorados contemplando la obra, sin nada que ver con la misma,  y que nos demuestra ese desapego de la autora a la simple visión plana del collage, pero que nos coloca en esa filosofía suya,  proponiéndonos no un banquete pantagruélico de pintura, sino sólo “unos sorbos y unos sueños de un paraíso interior”.

 

Si a esto añadimos los diversos retales, procedentes de Malasia, que ella ha seleccionado, y que esta vez sí me dan pie para  englobarla en una corriente artística determinada, la  del “arte encontrado”, que muestran la belleza de lo ordinario, y que por la intencionalidad del propio artista,  se convierte en arte,  ya sólo nos queda concluir que esta exposición ¡¡tiene tela¡¡

 


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