EL IDIOMA ESPAÑOL

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El idioma español, como las otras lenguas romances, es una continuación del latín hablado (denominado latín vulgar) desde el siglo III. Es una lengua romance del grupo ibérico, originaria de Castilla, por lo que también recibe el nombre de castellano. Es la segunda lengua del mundo debido al número de personas que la tienen como lengua materna, tras el chino mandarín. También ocupa el segundo lugar en comunicación internacional,  tras el inglés. Y es la tercera lengua en cuanto al número de hablantes, tras el mandarín y el inglés. Se habla en España, Hispanoamérica, Sahara Occidental, Guinea Ecuatorial y parte de Filipinas. En total hay unos cuatrocientos millones de hispano-hablantes.

 

Aunque en todos los países de habla hispana obviamente se habla español, cada país tiene su particular forma de hablarlo; incluso en un mismo país, cada comunidad autónoma posee su propio dialecto. El español, al menos tal y como se habla en España, es un idioma rico debido a la gran cantidad de vocablos recogidos en el diccionario de la R.A.E. y a los muchos sinónimos asignados  a cada una de estas palabras. Los españoles tenemos el deber y, a la vez, el derecho de conocer nuestro idioma y usarlo lo más correctamente posible.

 

Recuerdo que cuando yo era niña, casi todas las personas mayores de cuarenta años que pertenecían a la clase obrera, eran analfabetas. Apenas sabían leer ni escribir. Y su léxico era demasiado pobre.  En cambio los ricos, universitarios, locutores de radio e incipiente televisión, periodistas y políticos de la época hablaban, leían y escribían perfectamente.

 

 No era extraño que los incultos jornaleros citados en el párrafo anterior, se sintiesen cohibidos cuando tenían que visitar a un médico, abogado… para solucionar algún problema sanitario, jurídico… Pues temían  no ser entendidos o, incluso burlados, por quienes habían tenido el privilegio de terminar una carrera universitaria. Era tal la diferencia cultural entre los unos y los otros que, mi sensible corazón infantil, aun sin entender por qué se producía aquella injusticia, la denunciaba en la manera que el entorno y mi edad lo permitían. En la pre-adolescencia supe que dicha desigualdad no se debía a que los pobres fuesen torpes u holgazanes para estudiar; sino que habían de abandonar la escuela a muy corta edad y empezar a trabajar para que ellos y sus familias, generalmente numerosas, pudieran subsistir. De esta noticia deduje que, lamentablemente,  no teníamos todos los españoles los mismos derechos y oportunidades ante la ley. Me entristecí e indigné. Pues, al igual que Antonio Machado, he sido siempre de la opinión de que por mucho que valga un hombre, no tendrá valor más alto que el de ser hombre.

 

Pese a que con la actual crisis económica hemos perdido algunos derechos sociales, afortunadamente, estamos en mejor situación social que en la época anteriormente descrita. Actualmente un alto porcentaje de la población termina los estudios básicos (la E.S.O.) y ha aumentado notablemente el número de universitarios; teniendo casi las mismas oportunidades los hacendados que los pobres para entrar en la facultad. La gente de la calle, esa gente que no ha recibido enseñanza media habla, lee y escribe mucho mejor que antes. Pero los bachilleres, universitarios, periodistas, locutores, políticos… han empobrecido su lenguaje oral y escrito con respecto a sus homólogos de aquel lejano tiempo de mi niñez. ¿El mal uso de SMS y WhatstsApp, abuso de extranjerismos y otros modernismos mal interpretados, han influido en tal deterioro lingüístico?  Ahora que tenemos ocasión de conocer nuestro rico idioma, no perdamos semejante oportunidad y, olvidándonos de las modas vigentes, como ahorrar palabras en los mensajes u otros errores similares, hagamos el mejor uso posible del español. Hablar bien nuestra lengua es una forma de enriquecernos culturalmente y demostrar que amamos nuestra patria y a nuestros compatriotas. 


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