HAMBRE DE PODER

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  A Juan Barroso Jiménez le decían en el lugar Ti Juan “El Carabineru”.  Había abierto los ojos un 20 de octubre de 1887, cuando también lo hacía el celebrado compositor y pianista neerlandés Willem Andriessen.  Hijo de Ti Ezequiel Barroso Jiménez y de Ti Ramona Jiménez Caletrío.  Cansado de estar enterrando los pies en vida, que era el oficio de un labrador en aquellos años en los que la tierra solo daba para ir tirando, logró meter cabeza en el cuerpo de Carabineros, donde ingresó el 15 de octubre de 1917.  Había contraído ya nupcias y su estatura era en aquel momento de un metro y seiscientos diez centímetros.  Pasó a la Comandancia de Carabineros de Figueras (1ª compañía, 4ª sección) y fue destinado al puesto de Llagostera.  Fue fiel a la II República y, con fecha 5 de septiembre de 1936, comenzó su carrera de ascensos, colocándosele en esta fecha sus galones de cabo de Carabineros.  Pero ya se sabe: los fascistas arrollaron a los republicanos y Juan Barroso, que había luchado denodadamente en defensa del legítimo gobierno republicano, fue depurado.  En abril de 1939 ya había ascendido a capitán. “¡Vae victis!”

 

     Con el dolor en alma y cuerpo por la derrota, regresó al pueblo y volvió a enterrar los pies en vida.  La maldita resignación amargó la vida del nieto paterno de Ti Antonio Barroso Montero y de Ti Ana Jiménez Dosado.  Con motivo de aquel referéndum sobre la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, que tuvo lugar el 6 de julio de 1947, se negó a ir a votar y cuentan que, por lo bajini, decía a los que quería escucharle: “¿Pa qué il a votal si van a siguil mandandu loh que dihponga el patrón gallegu?  Lah votaciónih en una dictadura no sirvin pa ná, que manda quien manda y el marimandón ehtá cumu un burru en un forraji: tó pa él y pa loh súyuh, y nusótruh sémuh lah ehpígah, que, en cuántih moh dehcudiémuh, moh zampa y sansacabó, y no hablu máh polque hay chivátuh y camufláuh y d,ensiguía van con el cuentu andi loh guárdiah.  ¡Juy, Dioh, cuánti jambri de podel tienin algúnuh!”  Y el nieto materno de Ti Casimiro Jiménez Corrales y de Ti María Jesús Díaz Gutiérrez no fue a votar porque no le dio la gana.  Aquel referéndum tuvo una participación del 89% y fue aprobado por una mayoría espantosa, casi por el 100% de los electores y no hubo un solo voto nulo.  ¿Qué otra cosa se podía esperar de un régimen tiranicida, con las manos manchadas de sangre?

 

     Sin haber oído hablar en su valle de lágrimas del historiador inglés Lord Acton, Ti Juan “El Carabinero” prácticamente le parafraseó, que el británico quedó dicho aquello de: “Con un poder absoluto hasta a un burro le resulta fácil gobernar”. Pero ahora no estamos inmersos en dictadura de tipo alguno.  Hemos pasado años de auténtica partitocracia y, en estos momentos, la política está en un sin vivir diario, fruto del pugilato engendrado por los resultados de los últimos comicios electorales.  Sin embargo, el hambre de poder no ha parado.  Y para arañar cualquier parcela de ese poder político valen todo tipo de trucos y artimañas, aunque haya que renegar de lo afirmado y requeteafirmado cuatro lunas antes.  Cuánta razón tenía Abraham Lincoln: “Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otros sin su consentimiento”.  ¿Cuántos hombres buenos hay actualmente en estas Españas que nos hielan el corazón…?

 

     Unos, con los gusanos de la corrupción comiéndole sus amoratadas carnes, se aferran al poder como lapas al litoral.  ¿Qué importa que sean declaradas personas “non gratas” en la tierra que les vio nacer?  Aquel gobernante griego del 650 antes de Cristo, Pitaco de Mitilene, lo afirmaba claramente: “Si queréis conocer a un hombre, revestidle de un gran poder”.  El pueblo subió al barbado gallego a la cabalgadura y, ahora, por no saber cabalgar como un caballero le ha quitado los estribos y está que se tambalea, pero no suelta las riendas.  Y los gusanos de la putrefacción le van cercando cada vez más.  Hasta le salen concejalas de su partido que le traen ecos de aquel otro gallego, general golpista, que mantuvo con mano de hierro un país que él y sus secuaces destrozaron en una guerra civil que ellos originaron.  He ahí a doña Ana Sala, que ostenta el rimbombante título de portavoz del Partido Popular y delegada de Territorio, Proyectos Estratégicos y Obras, Aguas, Comunicación y Amas de Casa de la localidad alicantina de Calpe.  Sin rubor alguno, se ha despachado así: “Ni dictaduras ni leches.  Con Franco se vivía de maravilla”.  Más que un santo tenía razón el activista estadounidense Malcom X cuando exclamaba: “La única cosa que respeta el poder es el poder”.  Poder como el de Manuel Fraga Iribarne, otro gallego, exministro con el general Franco, y vicepresidente y ministro de la Gobernación en 1976 con Carlos Arias Navarro, cuando rugió, al acercarse un 1º de Mayo que se preveía bastante caliente: “¡La calle es mía!” Varios días antes, siendo como era responsable de las fuerzas policiales, ensangrentó la ciudad de Vitoria con cinco asesinados y ciento cincuenta heridos de bala, al cargar la policía contra las masas obreras reunidas en asamblea en la iglesia de San Francisco de Asís, en el barrio de Zaramaga.  Era el día 3 de marzo de 1976.  Siete meses después fundaría Alianza Popular, el embrión del actual Partido Popular, del que fue presidente de Honor vitalicio.

 

     Tácito, reputado historiador romano, apuntaba que “para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio”.  Atinadas palabras que parecen calcadas de la desaforada carrera que ha emprendido Pedro Sánchez Pérez-Castejón en su precipitada huida del precipicio y sus ambiciosos afanes por alcanzar la cumbre.  Más le hubiese valido escuchar a un hombre íntegro, también militante del PSOE, Enrique Tierno Galván, cuando decía: “El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla”.  ¿A qué viene ese pacto con Ciudadanos, cuando él mismo y otros subordinados atestaron al líder de tal formación, Albert Rivera, de ser un derechista de tomo y lomo, de financiarse oscuramente y de tener precedentes xenófobos y de extrema derecha?  ¿A qué viene convocar un confuso referéndum entre los militantes del PSOE para que diesen por bueno dicho pacto?  Pedro Sánchez, con proclamas imperiales al estilo de don Pelayo y otras huestes cidianas y de derechas ultramontanas, impelido por los barones “portagiratorios” y de la casposa casta, lanzó la consulta y… ¡por el Imperio hacia Dios!  Donde antes dije digo, ahora digo Diego, y al pan lo llamo vino y al vino lo llamo pan, para mayor gloria y confusión de todo ese batallón de militantes-forofos del PSOE, que, al igual que los hinchas del Barça o del Madrid, siempre serán hinchas aunque les den bocadillos rellenos de mierda pero envueltos en papeles satinados y de colores.  ¡Y ojo con los resultados de tal referéndum!  En algunas poblaciones del País Vasco y otras demarcaciones ya hablan de pucherazo.  Alguien ha escrito que había una decisión pactada entre la dirección de Ferraz y las baronías, a fin de aumentar artificialmente el número de votantes para que se superase, sí o sí, el 50%.  La abstención muy alta, pero el sí ganó por goleada, como en los buenos tiempos de los refrendos franquistas.

 

     Ti Juan Barroso Jiménez hablaba de la “jambri de podel”.  Por ello, como acertadamente expresaba el escritor francés Honoré de Balzac, “todo poder es una conspiración permanente”.  ¿Acaso no han conspirado Pedro Sánchez y Albert Rivera mientras el primero aparentaba mantener sus compromisos con Podemos y otra gente de izquierdas?  “Todo aquel que aspira al poder ya ha vendido su alma al diablo”, decía el gran poeta y dramaturgo alemán Joham Wolfgang von Goethe. ¿Y qué importa si ponerle una vela a Belcebú implica humillarse, hacer la venia y hasta lamerle las posaderas a los predicadores conservadores y neoliberales, reduciendo a la ya de por si descafeinada socialdemocracia, como ocurre en Europa, a una convidada de piedra y a su total irrelevancia? 

 

     Conoció Ti Juan “El Carabineru” a muchos socialistas que murieron en las trincheras, o en los barrancos y cunetas, defendiendo la bandera tricolor y los ideales de aquel PSOE que fundara Pablo Iglesias Posse, un honesto y luchador gallego que -ironías de la vida- naciera en el mismo pueblo que el dictador Francisco Franco, en 1850.  El dictador prostituyó el nombre de la población, añadiéndole el tratamiento fascista por el que él era conocido: “El Caudillo”.  Hoy se desprendió de tal basura y es El Ferrol, como lo fue siempre.  Seguro que nuestro paisano, el que volvió a su pueblo para seguir enterrando los pies en vida, habría votado NO en el referéndum convocado por Pedro Sánchez.  Sin embargo, un síncope cardíaco le taponó para siempre los sentidos en noviembre de 1968, cuando peinaba ochenta y una primaveras y se celebraba a San Pápulo y a Santa Ida.  El mismo día caía fulminado también el afamado arquitecto alemán Adolf Abel.  En memoria de Ti Juan “El Carabineru” y de todos aquellos buenos socialistas que regaron con su sangre esta arrugada piel de toro, mucha gente del PSOE, sobre todo los que dirigen la nao, tienen que reflexionar seriamente.  El inolvidable escritor británico George Orwell reseñaba rotundamente que “nada cambiará mientras el poder siga en manos de una minoría privilegiada”.  Atentos, pues, a la consigna orwelliana.


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