Abril es el mes más cruel…

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A T.S.Elliot, ese poeta inglés nacido en los Estados Unidos le dolían las lilas surgidas de la tierra muerta, la tierra baldía de un título que nos recuerda la memoria del dolor, quizás amortajada de nieve, tiritona de frío que nos mantiene en el calor de la casa… Sin embargo, para el poeta la primavera no es una oportunidad para la calidez, sino la desnudez de la materia. Ya no hay abrigo posible, salimos deshojados a la intemperie y nos agrede la luz que dura, la memoria que nos recuerda lo malo a la cruda densidad de un tiempo florecido.

Abril es un mes cruel cuando esta primavera promisoria, lozana y repentina nos hace cuestionarnos la necesidad del goce, el deseo de salir a darse de bruces con una realidad de la que no nos abrigamos. Tiene este tiempo la obligación del aire preñado de polen, la visión del árbol cargado de flores… y tanta belleza nos daña en cierto modo porque la sabemos efímera, porque la recordamos hace un año ya, fuera de nuestro alcance, al otro lado de las ventanas. Ahora abrimos la puerta de la casa y sin embargo, hay una tristeza que de nuevo nos cierra las compuertas de una presa demasiado contenida ¿Dónde está la solución, el final, la racionalidad, la consciencia? Metidos en la casa al menos no nos hacíamos preguntas, ocupados en la noble tarea de calentarnos a las brasas de la prohibición… sin embargo ahora ¿Quién nos responde cuando salimos al aire, aligerados del abrigo, desnudos de las botas, el sol que pica y que enrojece?

Algo nos recuerda, en plena alegría de flores y abejas industriosas, que nada funciona a pesar de nuestra libertad aparente. Algo nos amordaza la boca y nos calla mientras hacemos las filas ordenadas de una vacuna que promete la mejora. Y me siento a esperar, el brazo dolorido, frente a un retablo barroco en la iglesia desacralizada, magnífico escenario de un milagro cotidiano. La segunda dosis no me la pondrán en un monumento, sino en un polideportivo. Son las catedrales vacías de la catarsis colectiva ahora callado el público que se queda en casa frente a la pantalla, guardándose para sí el abucheo o el entusiasmo ¿Qué nos pasa? Algo es frágil y delicado como las alas de esos primeros insectos que morirán en el frío que seguro nos amenaza con regresar a despecho de Abril y de su luz escamoteada ¿O es el sueño y el bienestar el que ya no nos acompaña? Ni las aguas mil ni la belleza de la Semana Santa, ni la paz ni la certeza ¿Qué nos pasa? Los niños corren por los parques, buscan en la velocidad la libertad que perdieron y mientras, nosotros sentimos que algo falla en el engranaje de todo salvo en la sucesión, inapelable, de las estaciones. Y entonces llega abril, el mes más cruel, el que lo pinta todo de colores agresivos mientras nosotros seguimos en el blanco tranquilizador de la nieve que nos cubre. Porque el tiempo para nosotros, en este mundo cruel, se ha hecho enemigo, escaso, inapelable. Porque T.S. Elliot tenía razón y sin embargo, de la tierra baldía, de la tierra que nos acoge brotan las lilas olorosas, la belleza viva. Y es otro el poeta que la mira: Abril galán venía todo lleno de rosas amarillas…

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.


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