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Catástrofes, pandemias y crisis.

Catástrofes, pandemias y crisis.

Desde la más remota antigüedad tenemos conocimiento de grandes catástrofes. La Biblia recoge algunas como: el Gran Diluvio Universal o las Plagas de Egipto, ambas con el criterio de castigo divino en el contexto judeocristiano, pero según algunos investigadores con visos de realidad por la referencia geográfica y ambiental con que se describen. No podemos pasar por las ya más cercanas en el tiempo: erupción del Vesubio, que sepultó las ciudades romanas de Pompeya y Herculano, o algunas de las múltiples del Etna (todavía hoy en activo) que impidió el paso de los ejércitos cartagineses hacia Roma. Podemos considerar catástrofes provocadas por la naturaleza todos aquellos fenómenos meteorológicos más o menos abruptos que causan desastres tanto de pérdidas de vidas humanas, cómo económicas,  ambientales o sociales. Y ejemplos más o menos recientes que recordar: Terremotos de Marrakech, Haití, Méjico, huracanes como el Odile, Katrina, ola de calor como la que asoló Europa en 2003, o tsunamis como el del Sudeste asiático o el más reciente de Japón con consecuencias añadidas sobre la central nuclear de Fukushima. En cualquier caso, predecible pero difícil de prevenir cuando los fenómenos meteorológicos se producen a tal escala.

En ocasiones, detrás de algunos desastres, se encuentra la mano del hombre que no tiene capacidad de respuesta ante un accidente nuclear como Chernóbil, escapes tóxicos como el de Bhopal en India, vertidos marinos como el del Golfo de Méjico o los de los petroleros Prestigie, Egeo y Urcuola sobre las costas españolas y los grandes incendios recientes de California o Australia.

Y a veces esa mano del hombre de forma intencionada y casi siempre en situaciones de guerra, ya desastrosas de por sí, agudiza con sus decisiones un mayor número de víctimas humanas, cuando no desastres ecológicos añadidos con repercusiones sociales y políticas.

El derrumbe provocado de la presa de río Amarillo (China), decisión tomada por las autoridades chinas con el fin de impedir el avance de las  tropas japonesas en la guerra entre ambos países, tuvo graves consecuencias: la muerte de más de 200.000 chinos e inundaciones de campos cultivables en las provincia de Hubei (Wuhan) y limítrofes. Les suenan estos nombres ¿verdad?. La hambruna fue otra consecuencia además de la posterior caída del régimen nacionalista del general Chiang, que dió paso al régimen comunista de Mao y otras consecuencias (La gran hambruna en la China/ Frank DiKotter).

Las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, dieron fin a la II Guerra Mundial y la rendición de Japón imponiendo los EEUU de América una Constitución donde se impide el desarrollo militar de aquel país.

En la guerra de Irak, los incendios de pozos petrolíferos en Kuwait y los vertidos de petróleo en el Golfo Pérsico para impedir la entrada de tropas aliadas, son otro ejemplo de intervención del hombre con consecuencias catastróficas.

Las epidemias y pandemias han sido múltiples a lo largo de la historia de la humanidad: La peste de Atenas que supuso la caída de su poderío a favor de Esparta. En la Edad Media la peste negra que recorrió Europa. Cólera, polio y viruela que los españoles trasmitimos a América y posteriormente solucionamos con la vacuna en tiempos de Carlos IV tras la expedición  Balmis (nombre con el que hoy día se ha denominado  a la lucha contra el coronavirus por parte de la FFAA). La pandemia de la llamada “gripe española” (1918-20), que dejó más de 50 millones de muertos, con 200.000 en España, y que se acompañó de pobreza y hambruna. No podemos olvidar el SIDA a finales del siglo XX, y que todavía nos acompaña, y las más recientes y localizadas SARS,MARS, Ébola y Zica, que vienen a mostrar su cara en estos primeros años del siglo XXI y que nos anuncian que algo está cambiando en un mundo globalizado donde la difusión de cualquier patógeno, caso del actual coronavirus, es mucho más veloz y que si produce afectación grave a las personas, y mortalidad, tendrá, además, otras consecuencias económicas , sociales y políticas; unas ya en curso y otras que están por venir.

En setiembre de 2019  la Junta de Vigilancia Mundial, órgano creado por el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud, da a conocer el documento: UN MUNDO EN PELIGRO y emite el informe anual sobre la preparación mundial para las emergencias sanitarias. Llama la atención sobre una serie de medidas urgentes a tomar por parte de todos los Estados y alerta que: “El mundo corre grave peligro de padecer epidemias o pandemias de alcance regional o mundial y de consecuencias devastadoras, no solo en términos de pérdida de vidas humanas sino de desestabilización económica y caos social”. Pone de manifiesto que “todos los sectores de la sociedad y de la comunidad internacional han realizado progresos en materia de preparación ante las emergencias sanitarias, pero a pesar de lo cual los esfuerzos siguen siendo insuficientes”.

En concreto alerta sobre la preparación para lo peor: “UNA PANDEMIA CAUSADA POR UN PATÓGENO RESPIRATORIO LETAL Y QUE SE PROPAGUE RÁPIDAMENTE”.

 Como lector del documento, eriza los pelos tal afirmación, cuando además viene acompañada del siguiente texto: Además de haber mayor riesgo de que surjan pandemias causadas por patógenos naturales, los avances científicos permiten crear o recrear en laboratorio microorganismos capaces de causar enfermedades. En el caso de que un país, un grupo terrorista o una persona con conocimientos científicos avanzados, creara o desarrollara y posteriormente utilizara un arma biológica con las características de un patógeno respiratorio nuevo y de gran impacto, las consecuencias podrían ser tan graves como en el caso de una epidemia natural, o incluso peores, igual que sucedería si se produjera una liberación accidental de microorganismos epidemiógenos”.

Trae a colación esas teorías conspiratorias que hemos conocido a lo largo de estos últimos días. Más cuando los dos líderes mundiales EEUU y China, no conformes con sus guerras comerciales de aranceles, se atribuyen mutuamente ser los causantes de la creación y propagación del nuevo virus SARS-Cov-2 causante del COVID-19. Si bien es cierto que también estos días podemos decir que ese miedo ha remitido en cierta medida, cuando científicos estadounidenses confirman que el COVID-19 es de origen natural y no producto de la ingeniería genética (Kristian Andersen, del centro de investigación biomédico Scripps Research miembro del equipo que ha llevado a cabo el estudio).

En fechas recientes hemos podido escuchar que este virus lleva tiempo entre nosotros y, mirando un par de meses atrás, he tenido conocimiento personal en el vecindario de al menos cuatro caso de personas que, vacunadas algunas de ella de la gripe estacional, han presentado cuadros seudogripales de 48-72 horas (fiebre alta, tos y finalmente mínima diarrea, con malestar general). Con seguridad de  muchos más casos habrán tenido conocimiento los médicos de Atención Primaria de la zona. No estaría demás por aquello de tener un conocimiento mayor del coronavirus investigar la situación. ¡Ahí lo dejo!

También hemos conocido a lo largo del relato las consecuencias de algunas de estas catástrofes, tanto en vidas humanas, como económicas, sociales y políticas. Y esta situación vuelve a repetirse con la pandemia del COVID-19, que se inicia en China y países del entorno, pasa a Italia, a España y sin duda sigue afectando a muchos otros. No quedará ninguno  exento. Sólo recordar que en la pandemia de “gripe española”, según las crónicas, no  hubo casos o no se registraron en Tierra de Fuego y Siberia.

Cabe resaltar que entre esa pandemia y la actual hay algunas diferencias: el desarrollo cultural de la población y las condiciones sanitarias son diferentes, así como  las nuevas tecnologías nos dan información detallada al minuto y la velocidad de expansión del virus está en relación a la movilidad de los ciudadanos. Y una coincidencia: no hay ni tratamiento ni vacuna para un virus etiquetado de muy virulento.

Nos encontramos ante una crisis mundial, en la que según los gurús de la información se presentan dos modelos de sociedades  representados por los dos colosos de la economía mundial China y EEUU. El primero con un régimen comunista de partido único y totalitario pero con un mercado libre y el otro un país que se dice democrático e igualmente con mercado libre. En ambos casos se podrían poner matices. Ante la crisis sanitaria: China, foco de la epidemia, cierra las puerta a millones de ciudadanos y ofrece unas cifras de contagios  y mortalidad que pueden o no ser ciertas y EEUU tras días de evolución de la pandemia y por boca de su presidente que dice estamos ante una gripe banal, y deja a la población a su laissez faire. No es cuestión de dar cifras, pues están en todos los medios de comunicación y varían a cada momento. Podemos pensar que el primero ha pensado en las personas y el segundo no, pero en ambos casos ha primado la economía.

Cuando nos trasladamos a Europa con el primer foco en Italia, seguida de España, con estrategias y planteamientos similares con unos quince días de diferencia y se compara la situación sanitaria con Alemania, sorprenden las cifras de contagios y muertos y que nadie sabe explicar. Cabe la posibilidad de que alguien no haya hecho los deberes. Y si nos remitimos al citado documento de la OMS “Un mundo en peligro”, en el apartado de agradecimientos –muchos- hace referencia al gobierno alemán, con independencia de establecer su estrategia preventiva  para septiembre de 2020. Hace pensar que Alemania, con un sistema sanitario diferente, ¿la vio venir o sus datos no son reales?. Incluso la OMS con todos esos avisos y advertencias no declaró la pandemia hasta el 11 de marzo. Y como consecuencia de esa crisis sanitaria que afecta a todos los países de la Unión en mayor o menor medida, está ya presente una crisis económica, y social: la Europa de las dos velocidades, la del norte, fría y calculadora, y la del sur (los PIG) con su sol y derrochona. No sería de extrañar que todo esto nos lleve de nuevo a una tribalización como bien describe Marlene Wind en una reciente publicación. Y si tenemos que tildar la actuación de Europa respecto a los de China y EEUU, me atrevería a decir que ni frio ni calor y está corriendo a merced de los acontecimientos.

España, según se publica, había sido advertida, como el resto de países tanto por la OMS, como por la Unión Europea de la epidemia, posterior pandemia. Conocíamos lo que pasaba en China y luego en Italia y, de verdad, o no nos creímos las advertencias –ya tuvimos las experiencias de H1N1 y del Ébola- o pensamos que nuestro sistema sanitario podría soportar cualquier catástrofe.

Convendría repasar algunos datos para intentar entender como hemos llegado a esta situación. Alguien puede decir que a posteriori es fácil dar lecciones, pero son hechos evidentes que los responsables políticos y sanitarios conocían y permitieron. No voy a entrar en detalles pues son de sobra conocidos. La suspensión del WMC de Barcelona para finales de febrero fue una medida anunciadora y que al parecer no se tuvo en cuenta para otros eventos. Partidos de fútbol abiertos, como el Atlético Madrid-Sevilla el 7 de marzo, partido de vuelta anunciado por Sanidad a puerta cerrada y el Valencia- Atalanta el 10 de marzo, con la llegada de italianos. Viaje de equipo y aficionados atléticos a Liverpool. En ese intermedio de días en Madrid – no sólo-se celebraron todo tipo de actos culturales y deportivos además del congreso de VOX y la marcha feminista cuyas pancartas fueron portada de todos los periódicos: “Mata más el machismo que el coronavirus “o “Queremos ser como los hombres”. ¿En qué quedamos?. A VOX le preguntaría si tenían conocimiento de los posibles contagios y un magnífico profesional sanitario en sus filas ¿cómo no suspendieron su congreso para poder exigir?; Y a las mujeres del PP y C’s, que además son repudiadas en esa manifestación, ¿qué pintan unas chicas como ustedes en una manifestación como esa?, aunque vayan por separado y muy Día Internacional de la mujer que se celebre.

No entraré en polémicas políticas, pues para eso están gobierno y oposición para debatir en sus correspondientes foros. Pero como ciudadano de a pie sí se me ocurren reflexionar sobre ciertas dudas. Se anuncia primero alarma sanitaria y se declara un día después. No sé si fue una medida acertada o no. Se nombra un gabinete técnico dirigido por el médico epidemiólogo D. Fernando Simón, Director del centro de alarmas y emergencias sanitarias del Ministerio de Sanidad y Miembro del comité asesor del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades. Yo le preguntaría si era conocedor de los avisos de la OMS y la UE, y, si lo era, cómo pudo informar a la población desde un principio que no nos afectaría y tendríamos unos pocos casos, y si no era conocedor, qué pintaba en esos puestos de responsabilidad. ¿Actuó de buena fe o presionado políticamente por aquello de no crear alarma?

Otra cuestión que me preocupó desde el principio fue la recomendación del uso de guantes y guardar las distancias entre personas y sin embargo el no uso de mascarillas, siguiendo el criterio de la propia OMS, y que no vimos en todos esos eventos citados. Recuerdo que en sexto curso de carrera estudiábamos una asignatura: Medicina preventiva, social e higiene , donde aprendimos algunas cuestiones sobre las gotas de Plugge y Wells y otras cuestiones preventivas como puede ser una simple mascarilla en cualquier proceso respiratorio , no sólo para protegerte, sino para proteger al vecino de dichas gotas en las que están los patógenos.  Justificar la mascarilla en ciertos casos y, si no son especiales, no da protección está a fuera de la lógica. A este profesional de voz ronca e impasible ademán hay que pedirle explicaciones y quizá responsabilidades, aún reconociendo que ni él ni el gobierno central, ni ningún gobierno autonómico han sido los que han traído el virus, pero si los gestores de la cosa. Vemos  en esas ruedas de prensa diarias como guardan las distancias, no usan guantes, no usan mascarillas y, aunque durante el día los miembros de ese comité técnico tengan otras obligaciones, ya han caído tres  de los cinco. Vemos en esta crisis como la Salud Pública, competencia del Estado según la Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública, ha fallado por su base, pues algunas competencias delegadas en las Comunidades Autónomas han llevado a un estado de descoordinación y competencia desleal entre ellas.

Tenemos una crisis sanitaria evidente y también económica, por los datos reciente del paro, que hay que gestionar y sin duda acabará en una crisis social y política. Jared Diamond en su último libro “Crisis” habla de las crisis individuales, de las cuales hay muchas y habrá muchas más próximamente, unas muy personales y otras enlazadas con esa crisis  colectiva nacional y mundial que nos tocara vivir. Pone de manifiesto una serie de factores que inciden en el desenlace de las crisis nacionales: Consenso sobre la situación de crisis, aceptación de responsabilidades, adopción de experiencias de otros países y experiencias previas. Pero dos llaman la atención: identidad nacional y los valores y el orgullo como país.  Desarrolla su teoría sobre varios países dando gran importancia a esa identidad nacional. Finlandia la basa en la  guerra de invierno contra la Unión Soviética, Australia en sus recuerdos de Gallipoli, Indonesia en la unificación de su lengua donde hay más de trescientos dialectos, Alemania en su reunificación, Chile en la superación de la dictadura de Pinochet y ese “Chile para todos los chilenos”, Japón se basa en sus valores sintoístas y confucianos, EEUU siempre con esa democracia, cuestionada desde hace años por su polarización política. España merece solo unas palabras del autor por su trascendencia histórica, su lengua universal o la Transición y buscar un modelo donde el secesionismo haya sido resuelto. Y en uno de los capítulos de su libro dice: “Toda nación corre el riesgo de desmembrase si sus ciudadanos no se sienten unidos por una ideología nacional unificadora”. Merece la pena su lectura y advierte de esa crisis mundial que se avecina y fórmulas de resolverla en este mundo globalizado. Pero al igual que a  la OMS, el COVID-19, se adelantó a sus previsiones.

Se me ocurre que esa Transición fue  fruto de un gran consenso político y una CONSTITUCIÓN del 78, que trajo a España los mejores años de paz y prosperidad, con sus luces y sus sombras. Modifíquese entre todos y no a capricho de unos cuantos, para mejorar y dejar como legado a las generaciones venideras. Seguramente ésa sea nuestra identidad. 

Eduardo Corchero Rodríguez. Médico jubilado

Cáceres, a 3 de abril de 2020(Viernes de Dolores).

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