Cierra la librería El Pájaro Azul, que se cansó de volar literariamente sobre Cáceres

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Ha sido llevada al cine por George Cukor, basada en la obra de teatro de Maurice Maeterlinck , es un poema de Charles Bukowski, un videoclip de Iván Ferreiro y también una canción  de Robe Iniesta – Extremoduro – pero para quienes han visitado durante dos años ese rincón lleno de magia, aventuras, imaginación , colores vaiopintos y buen gusto, es la librería El Pájaro Azul, que la sin par dueña, Inmaculada, experta en ibros y maestra en saber contar las historias que encierran, le dio por abrir en la calle con el nombre del abogado cacereño León Leal.

Corta vida para un lugar donde la Literatura de periferia siempre tuvo su sitio – presentaciones de obras, lecturas, talleres – y en donde por raro que fuera el libro, Inmaculada lo conseguía.

El Pájaro Azul no debería haber volado hacia no se sabe qué cielos y menos al de, por qué no decirlo, a la desidia de usuarios que están cómodamente dominados por los canales de televisión y la series que atiborran teléfonos móviles, tablets y ordenadores al uso,  y sobre todo, víctima  del mortífero plan que la pandemia del coronavirus con el que se ceba de continuo en esta maltrecha época que nos ha tocado vivir y la puñetera debacle económica que a muchos autónomos nos pasa factura.

El fondo editorial de El Pájaro Azul era un variopinto cúmulo de propuestas que gracias a la inteligencia y experiencia de Inmaculada te entraba por los ojos para llegarte al corazón y con la cabeza amueblada le dabas rienda suelta a tu imaginación con la lectura del ejemplar que con toda ilusión te llevabas a casita, previa detallada e interesante información que la dueña de ese peculiar  habitáculo cultural te ofrecía antes de adquirirlo, caso de no conocer sus trasuntos.

Desde Digital Extremadura, en donde priorizamos la cultura como adalid del auténtico periodismo humano sentimos sobremanera que librerías como El Pájaro Azul no hayan sobrevivido a la crisis que se empecina en asolar a todo aquel que no pueda resistir a sus malditas garras.

Animamos a Inmaculada que, una vez superado el disgusto, no ceje en el empeño de emprender una nueva aventura literaria, bien bajo la linda sombra de El Pájaro Azul o como decía Bukowski al final  del poema del mismo nombre,

» no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú? «

Por tanto, no llores, Inmaculada, que estamos seguros que habrá otro pájaro azul que te arrope con sus alas para seguir aportando tu fino y exquisito conocimiento sobre esos libros que haces tan cercanos y nuestros cuando nos convences de su utilidad y divertimento.

 


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