LA SILENCIOSA PANDEMIA

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A medida que la pandemia sigue presente en nuestras vidas, los expertos hablan, cada vez con más hincapié, de la pandemia de la Salud Mental, cada vez es más palpable el sufrimiento que nos deja esta crisis de salud pública; la mayoría de nosotros tiene cerca, incluso lo sufre, problemas de ansiedad provocados por la incertidumbre, sentimientos de desasosiego, de tristeza, de inseguridad. No pretendo, sería una osadía por mi parte, escribir con ningún rigor científico, así es que, disculpen las incorrecciones, hablo estudios, de sentimientos, de estados de ánimo que de un modo u otro entran en nuestra vida como fantasmas invisibles y nos trastornan.

Todavía padecemos muchos perjuicios a la hora de acudir a un profesional por un problema mental, cuando es lo más sensato, de hecho, no nos plantearíamos dejar de ir a un médico si nos duele la garganta. No es propio sólo de psiquiatras o psicólogos, a estos últimos nos parece en muchos casos, por ignorancia, que les pagamos por desahogarnos y darnos consejo, pasa con otros profesionales, por ejemplo, aún hay gente que considera que está mal visto tener que ir a un Abogado por tener un pleito, cuando en ambos casos debería tener un matiz positivo, en otras sociedades se presume de tu psicólogo y tu letrado te da caché.

         Lo cierto es que la crisis sanitaria y económica han hecho crecer la curva de otra pandemia, la más silenciosa de todas: la de los trastornos de salud mental,  aunque el covid-19 afecta a toda la población general, se está cebando en concreto con los sanitarios. Después de la primera oleada de la pandemia (cuyo momento álgido abarcó los meses de marzo y abril), un 28,1% de los sanitarios de España sufrieron depresión; un 22,5%, trastorno de ansiedad; casi uno de cada cuatro, pánico; el 22,2%, estrés postraumático; y un poco más del 6%, abuso de sustancias.

Estos son los resultados que se han publicado relativos a dos estudios realizados a través de encuestas a profesionales (el proyecto ‘Mindcovid’) de 18 hospitales de seis comunidades autónomas: Andalucía, País Vasco, Castilla y León, Catalunya, Madrid y la Comunidad Valenciana. Estos estudios, liderados por investigadores del Institut Hospital del Mar d’Investigacions Mèdiques (IMIM) y médicos del Hospital del Mar de Barcelona.

La principal conclusión que recogen los expertos es que YA NO CABEN PLANES DE SALUD MENTAL AISLADOS Y QUE LOS PLANES DE SALUD MENTAL DEBEN ABORDARSE CON ESTA PERPERCTIVA.

Para los expertos, una de las prioridades más inmediatas es recopilar datos de alta calidad sobre los efectos sobre la salud mental en la pandemia del Covid-19, sobre todo, en grupos vulnerables. “Existe una necesidad urgente de investigación para abordar cómo se pueden mitigar las consecuencias para la salud mental de los grupos vulnerables en condiciones de pandemia”, aseguran. Y EXTREMADURA es muy a nuestro pesar la Comunidad Autónoma con más personas vulnerables, no ya de España sino de Europa, y ya saben, al perro flaco todo se le vuelven pulgas.

A estas alturas de la pandemia, nadie duda de los efectos psicológicos y sociales directos e indirectos de la enfermedad en la mayoría de la población.

De este modo, parece unánime, que la comunidad científica exige que hay que apostar por un marco en el que se priorice y se coordine  la investigación psicológica y social relevante para las políticas, a fin de garantizar que cualquier inversión se dirija de manera eficiente a mejorar la salud mental a medida que se desarrolla la pandemia porque una de las principales preocupaciones es el agravamiento de problemas de salud mental preexistentes en las personas, relacionado con la dificultad para acceder a los servicios de salud mental en estas circunstancias, así como el efecto del Covid-19 en la salud mental de los miembros de la familia, especialmente niños y personas mayores.

El estudio citado se señala que muchas de las consecuencias anticipadas de la cuarentena y las medidas de distanciamiento social y físico asociadas son en sí mismas factores de riesgo clave para los problemas de salud mental, y deben no sólo alertarnos sino ocuparnos porque  incluyen: el suicidio y autolesiones, abuso de alcohol y sustancias, juegos de azar, abuso doméstico e infantil y riesgos psicosociales (como desconexión social, falta de significado o anomia, acoso cibernético, sentirse agobiado, estrés económico, duelo, pérdida, etc. desempleo, falta de vivienda y ruptura de relaciones), por tanto, hablamos de un problema de todos que no podemos marginar.

Otra cuestión que no se puede aparcar es que los resultados de los estudios nos advierten que “Es probable que una consecuencia adversa importante de la pandemia de Covid-19 sea el aumento del aislamiento social y la soledad que están fuertemente asociados con ansiedad, depresión, autolesiones a lo largo de la vida” de ahí que el seguimiento de la soledad y la intervención temprana deban ser también prioridades importantes, como es vital comprender el efecto socioeconómico de las políticas utilizadas para gestionar la pandemia, que inevitablemente tendrá graves efectos sobre la salud mental al aumentar el desempleo, la inseguridad económica y la pobreza. Aún estamos a tiempo, pero no podemos aparcar lo evidente, cuando la lluvia cae encima y carecemos de paraguas, ya sabemos que en el camino vamos a mojarnos seguro, anticipémonos al frio antes de que llegue este invierno de esta silenciosa pandemia.

 


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