“A mis 60 años no he conocido otro oficio que no sea la apicultura y siempre me he encontrado con obstáculos, pero ahora la situación es muy crítica para los que producimos miel. Arrastramos pérdidas importantes de la campaña anterior y, además, pretenden pagarnos unos precios de miseria”, lamenta Primitivo Pino Domínguez, apicultor de la comarca de las Hurdes.

 

Este productor, de 60 años, es uno de los 1.150 apicultores que se dedican de forma profesional a esta actividad en Extremadura, la primera comunidad del país por apicultores, colmenas y por el tamaño de las explotaciones. Trabaja en una explotación familiar de 2.650 colmenas ubicada en la Sierra de San Pedro y Las Hurdes y, como todos los productores de miel extremeños, Primitivo también es trashumante. En febrero se mueve a la zona de las Vegas Bajas del Guadiana, en busca de la floración de los ciruelos, y en agosto sube al norte de Cantabria, donde permanece hasta septiembre, para encontrar las mieles de castaños y robles. Pino recorre muchos kilómetros para aprovechar mejor la floración de otras zonas y producir una miel con sello de calidad.

 

Pero el sector apícola español se enfrenta ahora a una de las campañas más complicadas de los últimos años. Arrastra pérdidas importantes debido a la alta mortandad de colmenas registrada durante el 2017, que ha dificultado reponer la cabaña y, también,  por la masiva importación de mieles baratas procedentes de países asiáticos. “El mercado está saturado de mieles de otros países que son quienes, en muchos casos, nos compran partidas a nosotros a precios bajísimos para mezclarlo con otro tipo de mieles y lograr que pasen los controles sanitarios”, cuenta Pino.

 

Desde UPA-UCE consideran que este problema de paralización de mercado no es de nuestra miel, sino del conjunto del sector apícola a nivel internacional. “Los hábitos de consumo han cambiado y, cada vez más, se apuesta más por mieles monoflorales y de producción ecológica”, señala Antonio Prieto, apicultor de Fuenlabrada de los Montes.

 

Por eso, estos dos productores coinciden con el conjunto del sector en la necesidad de un etiquetado correcto de la miel. “En la etiqueta debe quedar registrada la procedencia de la miel. No podemos impedir las importaciones, pero sí podemos evitar que se mezclen con nuestras mieles”, resume Pino. Además, este apicultor añade que “el 80% de la miel que nos encontramos en el mercado se ha obtenido a través de mezclas, la mayoría con soluciones de glucosa”.

 

Todo esto se traduce en un panorama desolador para el sector apícola extremeño y español. “Teniendo en cuenta que los precios de las mieles, tanto milflores como monoflorales, son los más bajas de los últimos años, y que se comercializan mieles con mezclas, los productores que apostamos por la calidad terminamos asfixiados”, remata Pino.

 

Desde la citada organización insisten en la necesidad de que exista mayor control y que le se exijan las mismas condiciones sanitarias a las mieles españolas e importadas. UPA-UCE Extremadura seguirá trabajando para conseguir un etiquetado claro, así como también mejorar la relación productor-industria a través de la Ley de la Cadena Alimentaria.

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