los palomos

Los Palomos responden con 32.000 razones a la intolerancia, con la edición más multitudinaria y segura de su historia

DIVERSIDAD, MÚSICA Y REIVINDICACIÓN EN LAS CALLES DE BADAJOZ

Los Palomos convierten Badajoz en la capital de la libertad con 32.000 asistentes

La ciudad celebra quince años de un festival que ha logrado consolidarse como símbolo de igualdad, convivencia y defensa de los derechos LGTBI+, en una edición marcada por la participación masiva y la ausencia de incidentes graves.

Rómulo Peñalver, Especial DEx, Periodismo Humano y Ocio, 8 de junio de 2026.

Badajoz volvió a demostrar este sábado que la diversidad no solo se proclama, sino que se vive. Las calles de la capital pacense se transformaron en un gran escenario de convivencia, música, color y reivindicación durante una nueva edición de Los Palomos, que reunió a unas 32.000 personas, según los datos facilitados por la organización.

Quince años después de que naciera como una respuesta ciudadana a la intolerancia, el festival se ha convertido en una de las grandes citas sociales y culturales de Extremadura, capaz de reunir a miles de personas llegadas desde distintos puntos de España para celebrar la igualdad y la libertad de ser.

Desde primeras horas de la tarde, plazas, calles y escenarios comenzaron a llenarse de vecinos, visitantes, familias, jóvenes y colectivos que hicieron de Badajoz un enorme espacio abierto a la diversidad.

Una fiesta para celebrar derechos conquistados

Más allá de la música y del ambiente festivo, Los Palomos mantiene intacta su esencia reivindicativa.

La secretaria general de Igualdad de la Junta de Extremadura, Ara Sánchez, destacó durante la jornada que Extremadura es una tierra que «abraza la inclusión» y defendió el papel del festival como escaparate de los valores de respeto, convivencia y diversidad que identifican a la región.

Durante toda la jornada se sucedieron mensajes en favor de la igualdad y contra cualquier forma de discriminación, recordando que los derechos conquistados requieren seguir siendo defendidos cada día.

La presencia de miles de personas convirtió la celebración en una poderosa imagen colectiva de apoyo a la diversidad afectiva, sexual y de género.

La edición más segura

Uno de los aspectos más destacados del balance realizado por la organización fue la seguridad.

Los dispositivos desplegados funcionaron con normalidad y la Cruz Roja atendió únicamente 32 incidencias, ninguna de ellas de gravedad.

La cifra supone una reducción cercana al 40 por ciento respecto a la edición anterior y confirma el carácter cívico de una celebración que congrega a decenas de miles de personas sin generar problemas significativos.

La organización destacó además el comportamiento ejemplar del público y la buena coordinación entre todos los servicios participantes.

El reparto más equilibrado de asistentes durante las distintas franjas horarias permitió una movilidad más cómoda y evitó las habituales concentraciones masivas en determinados momentos del día.

Quince años creciendo frente a quienes quieren retroceder

La presidenta de la Fundación Triángulo, Silvia Tostado, definió esta edición como una auténtica respuesta social a la intolerancia.

Quince años después de aquella primera convocatoria, Los Palomos ha demostrado una capacidad de crecimiento que pocos podían imaginar entonces.

Lo que nació como una reivindicación necesaria se ha convertido en un referente nacional de convivencia, participación y defensa de los derechos humanos.

La edición de 2026 deja imágenes de plazas abarrotadas, música compartida, abrazos, reivindicaciones y miles de personas celebrando algo tan sencillo y tan importante como la libertad.

LA LUPA

Los Palomos han conseguido algo que trasciende cualquier programación cultural: convertir la diversidad en una fiesta colectiva y normalizada. Frente al ruido de la intolerancia, miles de personas han respondido ocupando las calles con alegría, respeto y convivencia. Esa quizás sea la victoria más importante de todas.

EL CIERRE

Mientras las luces de los escenarios se apagaban y la música dejaba paso al regreso a casa, Badajoz conservaba algo más valioso que una gran fiesta: la certeza de que la libertad, cuando se comparte, ilumina mucho más que una ciudad.