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Lo de las cabezas de cartel es porque tengo debilidad por el discurso de Cristina Narbona, lo reconozco, y hasta por esa venganza que se sirve fría y gélida por parte de Josep Borrel. Sí, me gusta la justicia poética, al señor Borrel la persona de Pedro Sánchez le ha servido para enviarle un recadito al comité central, con años de retraso, pero con la mayor de las alegrías. Claro que no es resentimiento todo lo que reluce, la verdad, la gente no somos del género tonto, basta que llegue un candidato con un mensaje pobre, plano y ramplón para que arruguemos, menos mal, la nariz. Y eso es lo que le ha pasado a Susana Díaz, sorry, su discurso era tan infumable que ni con todo el devocionario del PSOE. No había manera, a la gente ya no nos dan sopas con honda, felizmente.

Quizás nuestros amigos de Podemos deberían estudiar este tema de las cabezas de cartel. Montero no da la talla, lo siento, Echenique tiene un discurso excesivo y echamos de menos a Bescansa y a Errejón. Cierto, no deberíamos fiarnos tanto de los rostros, sino de los programas y las ideas, pero somos así de simples, yo veo a Macron y me dan ganas de confiarle mis pocos ahorros, veo a Trump y tengo ganas de salir por piernas. Es de una simpleza imperdonable, pero es, nuestra cultura democrática, esa que no le funciona a un tipo millonario y que habita fuera del país como Guardiola, es de un infantilismo enternecedor aunque de vez en cuando da muestras de una lucidez irrefutable. Por eso la defensa del referéndum le va a pasar factura a Podemos, lo siento, por eso a Guardiola le van a encajar todos los goles en plena boca. Somos un estado autoritario que tenemos un sentido del humor capaz de enviarle a la mierda sin despeinarnos, lo nuestro ahora es el tenis, el tenis y un vasco genial llamado Julen Lopetegui. Viva la diversidad y la llegada del verano. La cuestión soberanista es como ese mosquito molesto que acabas aplastando cuando ya te tiene de los nervios, pero eso sí, mientras, confías en que se vaya por su propio vuelo. Lo dicho, estamos preparando el verano y no para muchas algaradas parlamentarias, por eso Rajoy sopesa el mandar al suplente y quedarse tan tranquilo viéndolas venir. Yo haría lo mismo, total, si me da igual que me reprueben a los ministros, qué voy a hacer escuchando las proclamas de un tal Iglesias. Será una buena oportunidad para oír, en medio del sopor de esta temperatura inclemente, una burrada original y bestia a más no poder. Ya ven, lo nuestro es dejar correr la tontería y reparar en que la importancia está ahora mismo en el plano judicial. Y que dure. Mientras, yo sigo pensando en lo bien que me cae Narbona y en la sonrisa de pícaro que se le ha quedado a Borrel. Personificación o prosopopeya

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